El "Rangoon" no tardó en cruzar por delante del Gran Andaman, que era la principal isla de
un grupo que los naveganes divisan desde lejos, por su pintoresca montaña de Saddle Peek, de
dos mil cuatrocientos pies de altura.
Se fue siguiendo la costa de bastante cerca. Los salvajes papúas de la isla no se mostraron.
Son unos seres colocados en el último grado de la escala humana, pero que han sido
indudablemente considerados como antropófagos.
El desarrollo panorámico de las islas era soberbio. Inmensos bosques de palmeras asiáticas,
arecas, bambúes, moscadas, tecks, mimosas gigantescas, helechos arborescentes cubrían el
primer plano del país, perfilándose atrás los elegantes contornos de las montañas. Sobre la
costa pululaban a millares esas preciosas salanganas, cuyos nidos comestibles son un manjar
muy apetitoso en el Celeste Imperio. Pero todo este espectáculo variado, ofrecido a las
miradas por el grupo de las Andaman, paso pronto, y el "Rangoon" se dirigió con rapidez
hacia el estrecho de Malaca, que debía darle acceso a los mares de la China.
¿Qué hacía durante la travesía el inspector Fix, tan desgraciadamente arrastrado en aquel
viaje de circunnavegación? Al salir de Calcuta, después de haber dejado instrucciones para
que, si llegase el mandamiento, le fuese remitido a Hong-Kong, había podido embarcar a
bordo del "Rangoon" sin haber sido visto de Picaporte, y confiaba en disimular su presencia
hasta la llegada a puerto. En efecto, difícil le hubiera sido explicar por qué se hallaba a bordo
sin excitar las sospechas de Picaporte, que debía creerle en Bombay. Pero la lógica misma de
las circunstancias reanudó sus relaciones con el honrado mozo. ¿De qué modo? Vamos a
verlo.
Todas las esperanzas, todos los deseos del inspector de policía se concentraban ahora en un
solo punto del mundo, Hong-Kong; porque el vapor se detenía muy poco tiempo en Singapore
para poder obrar en esta ciudad. La prisión debía verificarse por consiguiente en Hong-Kong,
porque, si no, se le escaparía el ladrón sin remedio.
En efecto, Hong-Kong era todavía tierra inglesa, pero la última. Más allá, la China, el
Japón, la América ofrecían un refugio casi seguro a mister Fogg. En Hong-Kong, si llegaba
por fin el mandamiento de prisión, Fix prendería a Fogg, y lo entregaría a la policía local. No
había dificultad; pero más allá de HongKong, no bastaría ya un simple mandamiento de
prisión, sino que sería necesaria un acta de extradición. De aquí resultarían tardanzas,
lentitudes y obstáculos de toda naturaleza,- que el ladrón aprovecharía para escaparse
definitivamente. Si la operación no se podía verificar en Hong-Kong, sería, si no imposible,
mucho más difícil poderla efectuar con alguna probabilidad de éxito.
"Por consiguiente -decía Fix para sí durante las dilatadas horas que pasaba en el camarote- o
el mandamiento estará en Hong-Kong y prendo a mi hombre, o no estará y será necesario
retrasar su viaje a toda costa. ¡Salido mal en Bombay y en Calcuta, si no doy el golpe en
Hong-Kong, pierdo mi reputación! Cueste lo que cueste, es necesario triunfar. Pero, ¿qué
medio emplearé para retardar, si fuese necesario, la partida de ese maldito Fogg?"
En última instancia, Fix estaba decidido a revel