–Ocho días o diez ha, hermano murmurador, que entré a gobernar la ínsula que me dieron, en los
cuales no me vi harto de pan siquiera un hora; en ellos me han perseguido médicos, y enemigos me
han brumado los güesos; ni he tenido lugar de hacer cohechos, ni de cobrar derechos; y, siendo esto
así, como lo es, no merecía yo, a mi parecer, salir de esta manera; pero el hombre pone y Dios
dispone, y Dios sabe lo mejor y lo que le está bien a cada uno; y cual el tiempo, tal el tiento; y nadie
diga "desta agua no beberé", que adonde se piensa que hay tocinos, no hay estacas; y D[i]os me
entiende, y basta, y no digo más, aunque pudiera.
–No te enojes, Sancho, ni recibas pesadumbre de lo que oyeres, que será nunca acabar: ven tú con
segura conciencia, y digan lo que dijeren; y es querer atar las lenguas de los maldicientes lo mesmo
que querer poner puertas al campo. Si el gobernador sale rico de su gobierno, dicen dél que ha sido
un ladrón, y si sale pobre, que ha sido un para poco y un mentecato.
–A buen seguro –respondió Sancho– que por esta vez antes me han de tener por tonto que por
ladrón.
En estas pláticas llegaron, rodeados de muchachos y de otra mucha gente, al castillo, adonde en
unos corredores estaban ya el duque y la duquesa esperando a don Quijote y a Sancho, el cual no
quiso subir a ver al duque sin que primero no hubiese acomodado al rucio en la caballeriza, porque
decía que había pasado muy mala noche en la posada; y luego subió a ver a sus señores, ante los
cuales, puesto de rodillas, dijo:
–Yo, señores, porque lo quiso así vuestra grandeza, sin ningún merecimiento mío, fui a gobernar
vuestra ínsula Barataria, en la cual entré desnudo, y desnudo me hallo: ni pierdo, ni gano. Si he
gobernado bien o mal, testigos he tenido delante, que dirán lo que quisieren. He declarado dudas,
sentenciado pleitos, siempre muerto de hambre, por haberlo querido así el doctor Pedro Recio,
natural de Tirteafuera, médico insulano y gobernadoresco. Acometiéronnos enemigos de noche, y,
habiéndonos puesto en grande aprieto, dicen los de la ínsula que salieron libres y con vitoria por el
valor de mi brazo, que tal salud les dé Dios como ellos dicen verdad. En resolución, en este tiempo
yo he tanteado las cargas que trae consigo, y las obligaciones, el gobernar, y he hallado por mi
cuenta que no las podrán llevar mis hombros, ni son peso de mis costillas, ni flechas de mi aljaba; y
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