acordarme de la cobra ni pensar en nada. Estaba sentado, esperando a
mamá. Hasta Jandira se extrañó y me preguntó si estaba con dolor de
barriga por haber comido fruta verde.
En la esquina apareció el bulto de mamá. Era ella. Nadie en el mundo
se le parecía. Me levanté de un salto y corrí a su encuentro.
-La bendición, mamá -y besé su mano. Hasta en la calle mal iluminada
veía su rostro muy cansado.
-¿Trabajaste mucho hoy, mamá?
-Mucho, hijito. Hacía tanto calor dentro del telar que nadie aguantaba.
-Dame la bolsa; estás muy cansada. Comencé a llevar la bolsa con la
marmita vacía adentro.
-¿Muchas picardías, hoy?
-Poquito, mamá.
-¿Por qué viniste a esperarme?
Ella había comenzado a adivinar.
-Mamá, ¿me quieres por lo menos un poquito?
-Te quiero como a los otros. ¿Por qué?
-Mamá, ¿conoces a Nardito? El que es sobrino de "Pata Chueca". Se
rió.
-Ya lo recuerdo.
-¿Sabes una cosa mamá? La mamá de él le hizo un traje muy lindo. Es
verde con unas listitas blancas. Tiene un chaleco que se abotona en el
cuello. Pero le quedó chico. Y él no tiene ningún hermano pequeño para que
lo aproveche. Y dice que lo quería vender. . . ¿Me lo compras?
-¡Ay, hijo! ¡Las cosas están difíciles!
-Pero lo vende a pagar en dos veces. Y no es caro. No se paga ni la
hechura.
Estaba repitiendo las frases de Jacob, el prestamista. Ella guardaba
silencio, haciendo cuentas.
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