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el Templo de Jerusalén. Fue establecida ahí, y recibió patente real por parte del rey David entre 1002 y 970 a. C. La ejecución vocal e instrumental le fue confiada al clan levita por generaciones. Nunca sabremos cómo sonaban los muy alabados coros de salmos e interludios, pero podemos imaginar la naturaleza de su sonoridad como tranquila y contenida: un pequeño coro masculino( en ocasiones elevado por los discantos de niños), acompañado sencillamente por las cuerdas punteadas de liras y arpas. Los címbalos, trompetas y cuernos sonaban sólo entre las secciones musicales marcadas en el texto del salmo con la palabra sela. Este carácter reservado de la música del templo hebreo contrastaba notablemente con los tamborazos, estridencias y clamores extáticos de la mayoría de los rituales de cultos paganos.
2. El auge del canto de sinagoga La música del templo fue abolida y sus instrumentos fueron prohibidos hasta la llegada del Mesías, después de la destrucción del estado de Judea y su santuario por los romanos en el año 70 d. C. Estos eventos convirtieron al canto de sinagoga, junto con la poesía, en la expresión más característica del arte judío. Los sacrificios y otras ceremonias fueron reemplazados por la plegaria individual y congregacional asociada con el estudio y la exégesis de la Biblia. Así, el canto debía hacer transparente el Verbo y su mensaje espiritual y expresar un sentimiento religioso, a la vez que permanecer al alcance de la comprensión y la habilidad musical secular.
Es posible asignar con seguridad tres estilos particulares de sinagoga a los primeros siglos después de Cristo. Estas formas son la herencia común de sinagogas de todo el mundo, pero su realización moderna en melodía varía notablemente de acuerdo con el gusto local.
Primero, la * salmodia, la recitación cantada de salmos, generalmente sobre una sola nota, con figuras melódicas( cadencias) agregadas a la mitad y al final del verso. Los versos inician usualmente con una entonación( Ej. 1). Esta modesta configuración se repite a través de todo el salmo. La salmodia es a menudo responsorial o antifonal. El sencillo patrón melódico de la salmodia es frecuentemente ornamentado, variado o extendido para generar formas más elaboradas.
La segunda forma vocal de la sinagoga antigua es la lectura de la Biblia. La recitación litúrgica de la Biblia y otros textos tales como plegarias fue originalmente realizada en un estilo similar a la salmodia. La división lógica de cada oración era clarificada con cadencias musicales que interrumpían el flujo de las palabras. Estas cadencias eran indicadas con gestos convencionales de la mano y los dedos. Este antiguo método de instrucción, llamado * quironomía, es practicado todavía en algunas comunidades judías. Después de alrededor del año 500 d. C. los maestros determinaron signos de acentuación en los puntos en que ocurrían los motivos cadenciales. Un complejo y aún muy difundido sistema de acentos escriturales, Te’ amim, fue diseñado por la escuela de gramáticos del Tiberiades y concluido c. 900. Combinaciones particulares de acentos dividen el verso en grupos de palabras: así, la tonada de la lectura está conformada por una serie de motivos repetidos en diversas secuencias( Ej. 2). Los modos de plegaria son la tercera forma vocal de la sinagoga; están basados en una escala específica en conjunción con motivos característicos, elaborados y variados por el cantante.
Durante la segunda mitad del primer milenio d. C., los cantantes de sinagoga compusieron un rico repertorio de himnos para acompañar las plegarias. Estos himnos perpetuaron el ritmo libre de la poesía bíblica y de la antigua música hebrea. El rol del ḥazan( capiscol), que persiste hasta el día de hoy, surgió de la creciente demanda para la composición y la ejecución profesional de himnos.
Atraídos por el flujo natural y la consistencia formal del verso métrico árabe, los poetas hebreos adoptaron sus patrones rítmicos y algunas de las melodías adquirieron también ritmos medidos. La melodía construida métricamente fue un elemento nuevo en la música judía. Una búsqueda incesante del equilibrio entre la antigua libertad rítmica hebrea y las tonadas métricas de las culturas anfitrionas es un tema recurrente en la historia musical judía.
Durante la Edad Media emergió un patrón triple de vida musical en la comunidad judía dispersa. Primero, el repertorio establecido de la canción sacra. Segundo, el arte profano de los ministriles, juglares y músicos folclóricos itinerantes. Tercero, la música contemporánea de concierto. La historia de la música judía demuestra una continua interacción entre estos tres elementos, que lleva, por ejemplo, a la adopción de música secular de concierto en la sinagoga, o a la aceptación de tonadas folclóricas para los himnos.
La integración judía en los diferentes niveles de la música secular es particularmente apreciable durante el Renacimiento italiano tardío. Una élite de ministriles judíos ascendió al rango de músicos de corte( como había ocurrido antes en España y otros países). Otros practicaron como cantantes, bailarines y maestros de