Italia 798
puesto de“ director único”, sentando así las bases de poder que quien obtuviera el cargo ostentaría, como fue el caso de Toscanini a finales del siglo.
En lugar del sistema de“ compositor itinerante” bajo el cual Rossini y Donizetti habían operado, las principales editoriales – particularmente Ricordi, Lucca y Sonzogno en Milán – promovieron sus propios compositores, aprovechando la recién establecida convención del derecho de autor y la abolición del subsidio gubernamental a los teatros de ópera. En la década de 1880 hubo una reacción intelectual en contra de la ópera, lo cual contribuyó a que Milán volviera a ser un centro de música instrumental( en donde las principales figuras eran Sgambati y Martucci), además del comienzo de la musicología italiana. En la ópera, el acercamiento al romanticismo alemán se vio arruinado por la llamada Giovane Scuola de Mascagni, Leoncavallo, Puccini y Giordano, quienes alcanzaron a la fama en la década de 1890, escribiendo en una vena influida por Bizet y Massenet. La escuela, conocida por el término escueto de verismo, tuvo una corta existencia, pues para la primera Guerra Mundial ya había sido censurada por la generación más joven de musicólogos italianos, que estaban sentando las bases para la investigación del pasado olvidado de Italia.
6. Desde 1914 La primera Guerra Mundial desbarató la confianza en sí misma de lo que se llegó a llamar“ Italietta”, la aparentemente próspera Italia de la primera década del siglo. Una cierta insatisfacción con la sociedad italiana y sus instituciones encontró expresión en variadas manifestaciones musicales, desde los experimentos futuristas hasta el establecimiento de la Società Italiana di Musica Moderna de Alfredo Casella. Muchos de los miembros habían nacido en la década de 1880 y el grupo de compositores en el que estaban Respighi, Pizzetti, Malipiero y el mismo Casella, se definió posteriormente como“ generazione dell’ ottanta”. La búsqueda de una identidad musical italiana fue una nueva meta para los compositores del país, si bien no existía una gran base estética común aparte de la inspiración que encontraban en el pasado de Italia. Antes de la primera Guerra Mundial, el redescubrimiento de la música italiana anterior, especialmente la de los siglos XVI y XVIII, había tenido como consecuencia el primer intento de catalogar la música para teclado de Domenico Scarlatti; subsecuentemente aparecieron series como las Istituzioni e monumenti dell’ arte musicale Italiana y la edición reunida de la música de Monteverdi hecha por Malipiero.
La muerte del verismo, que había llegado tambaleante hasta la década de 1920, y el nuevo régimen fascista en las obras de compositores menores, marcó la muerte de la ópera como un fenómeno cultural unificador; por otra parte, el camino hacia el modernismo fue condenado en un manifiesto impreso en los principales periódicos en 1932 firmado por Respighi y Pizzetti entre otros. El involucramiento del Estado fascista en la música no puede compararse al de la Alemania nazi, pues una gran cantidad de música contemporánea seguía interpretándose; todos los ejecutantes y los compositores de la posguerra italiana se educaron en instituciones que operaban bajo la ideología prevaleciente en aquella época; en la década de 1930 surgieron compositores antifascistas como Dallapiccola y Petrassi, que tenían una visión europea.
Sin embargo, no fue sino hasta después de la devastación de la segunda Guerra Mundial que las técnicas dodecafónicas se adoptaron ampliamente. La guerra empobreció a Italia pero al mismo tiempo generó un gran orgullo propio, pues la derrota de la nación se tomó realmente como la derrota del fascismo y el haber sido redimidos por el valor de los partisanos. La comprometida familia real fue exiliada y una república fue instituida en 1946. La Italia de la posguerra fue testigo de la expansión de las orquestas, impulsada por la organización nacional de radiodifusión( RAI), a Turín, Milán, Roma y Nápoles, así como el establecimiento de un estudio de música electrónica en la rama de Milán de la RAI y la proliferación de festivales de verano, como el de Spoleto, dirigido por Menotti.
Bruno Maderna jugó un papel clave en el desarrollo de la composición en la Italia de la posguerra y estuvo intensamente involucrado en los cursos de verano de Darmstadt, a los que asistían la mayoría de los compositores de la nueva generación, incluyendo a Berio, Nono, Donatoni y Bussotti. La música“ comprometida” de Nono ejemplifica una música politizada, mientras que Bussotti ha trabajado la música para teatro de una manera sumamente personal. Berio es el compositor que ha adquirido más resonancia fuera de Italia desde los días experimentales de la década de 1950 hasta los pluralistas años de la década de 1990; últimamente se ha acercado a la ópera desde una perspectiva“ crítica”. Los compositores siguen haciendo óperas, incluyendo figuras tan importantes como Azio Corghi y Giorgio Battistelli, pero el género no predomina y no es muy común la puesta en escena de óperas contemporáneas en los teatros principales.