Teoría Diccionario Oxford De La Música A - K | Page 764

769 Inglaterra
fue uno de los músicos de mayor influencia en el siglo
XIX. Los ejecutantes ingleses carecían de las habilidades de virtuoso para atraer la atención, mientras que los compositores por lo general tenían una visión limitada, a excepción de los que estudiaron en el extranjero, como Sterndale Bennett. Pero incluso Bennett acabó absorto en la rutina administrativa como director de la
RAM, sacrificando lo último de su producción musical.
La ópera también fue dominada por los compositores de Europa continental y los compositores“ ingleses” de mayor éxito fueron de origen alemán o irlandés. La ópera en inglés fue revivida en 1834 en el Lyceum Theatre y floreció de manera intermitente de ahí en adelante, casi siempre en una forma con diálogo hablado. No hay nada intrínsecamente inferior en esto, pero la cuestión del tema y la dicción estilizada de los libretos hace que la reposición de incluso las mejores de ellas( tales como The Bohemian Girl de Balfe o The Lily of Killarney de Benedict) sea, hoy en día, una propuesta dudosa. Por otra parte, la ópera se presentaba principalmente en italiano, incluso obras de origen alemán o francés, al principio en Covent Garden y, a partir de 1847, en Her Majesty’ s en el Haymarket. Más adelante en el siglo, las operetas de Gilbert y Sullivan sacaron a la luz un nuevo género de sátira suave, musical y hablada, particularmente popular en las clases medias y antecesor de la comedia musical de principios del siglo XX. Las óperas cómicas tradicionales corrieron con menos suerte y todavía peor la ópera seria inglesa, a pesar de dos largas temporadas dedicadas a Ivanhoe de Sullivan.
Hacia finales del siglo destacaron nuevos ideales encabezando lo que usualmente se ha llamado“ el Renacimiento inglés”. La RAM había sido transformada en un conservatorio de nivel internacional bajo la dirección de George Macfarren y del escocés Alexander Mackenzie, mientras que Hubert Parry y Charles Stanford, como director y profesor de composición, respectivamente, hicieron del Royal College of Music( fundado en 1883) un eficiente semillero para compositores en ciernes. Los mismos Parry y Stanford fueron espíritus más afines a Brahms( y en menor escala a Wagner) que a Mendelsshon, con el elemento distintivo del bagaje irlandés de Stanford. Edward Elgar alcanzó reconocimiento sólo después de años de esfuerzo; sin embargo, cuando finalmente se convirtió en una figura ampliamente conocida con sus Variaciones“ Enigma”( 1899), alcanzó el reconocimiento internacional como compositor.
6. El siglo XX Indudablemente el siglo XX, construido con base en los logros de Elgar en los años posteriores a la primera Guerra Mundial, fue el más innovador desde el siglo XVII. Aunque los compositores ingleses normalmente no estuvieron a la vanguardia de los desarrollos técnicos, exploraron el potencial de tales avances, a menudo después de un cierto tiempo, de formas altamente individuales como en el uso del serialismo durante y después de la segunda Guerra Mundial por Elisabeth Lutyens, Humphrey Searle y Benjamin Frankel. Incluso antes, el ecléctico Frank Bridge había experimentado con temas dodecafónicos.
Para criterio de muchos fue más característico del genio inglés el lenguaje imbuido de folclor de Ralph Vaughan Williams y de Gustav Holst, un lenguaje que a veces enmascara su profunda originalidad. Ambos cubrieron un enorme rango, desde música para aficionados y niños hasta obras para gran orquesta sinfónica, aunque Vaughan Williams fue quien produjo un repertorio más sustancial de obras maestras de gran escala. Sólo en la ópera el éxito eludió a ambos compositores y, en realidad, a la mayoría de sus contemporáneos, con la excepción de Frederick Delius, cuyas óperas y otras grandes obras habían sido interpretadas en Alemania antes de la primera Guerra Mundial. En la entreguerra, la influencia del estilo francés neoclásico y del jazz impregnaron la obra de juventud de Constant Lambert, Arthur Bliss y William Walton.
La madurez operística llegó a Inglaterra con Peter Grimes de Benjamin Britten, producida en Londres en 1945, poco después del final de la guerra. Este fue el principio de una segunda ola regenerativa de la música inglesa, la cual sacó mucha de su inspiración, aunque poca de su técnica, de la vanguardia europea de antes y después de la guerra. Aparte del serialismo en sus diversas formas, se aprecia la influencia de compositores como Stravinsky y Hindemith, sobre todo en la claridad de las texturas y el clasicismo de gran parte de la obra de Britten, quien se convirtió en una figura importante en la escena operística, eclipsando a todos sus contemporáneos en cuanto al número de producciones y, en la mayoría de los casos, en cuanto a la elocuencia del drama musical. Únicamente Michael Tippett es comparable en este último aspecto, sobre todo en sus dos primeras óperas, The Midsummer Marriage y King Priam.
Estas obras, relativamente convencionales, fueron seguidas por un periodo experimental en el teatro musical, con notables aportaciones como las parábolas litúrgicas