Inglaterra 766
fechas de composición de esa música, pero gran parte de la obra latina de Tallis, Sheppard, Tye, William Mundy y Robert White seguramente correspondió a su reinado. Lo mismo se aplica para alguna de la música litúrgica para órgano que ha sobrevivido, en la que el órgano actúa como sustituto del canto, a menudo alternando con un grupo vocal. Además, las actividades profesionales de Tallis, Sheppard y Tye iniciaron mucho antes de 1549 y existieron múltiples razones para componer música polifónica ajena a la liturgia latina durante los reinados de Eduardo VI e Isabel( y de hecho también polifonía litúrgica para celebraciones no oficiales y secretas del rito latino). En particular los motetes basados en salmos representaron una condición neutral y probablemente fueron compuestos para ambas dispensas, la católica y la anglicana. Incluso una composición como la extraordinaria adaptación musical de las Lamentaciones de Tallis bien pudo haber sido compuesta en tiempos isabelinos.
Isabel presentó una versión ligeramente revisada del segundo Prayer Book en 1559, en el que nuevamente encontramos un problema cronológico, ya que a menudo resulta difícil decir si una pieza en particular fue compuesta en los tiempos de Eduardo o al principio de la época de Isabel. Mientras que ha sobrevivido un reducido número de manuscritos eduardianos, fuera de una colección impresa( Certaine Notes, 1560, del editor John Day, reeditada en 1565 como Mornyng and Evenyng Prayer and Communion), es muy poco lo que queda de los primeros tiempos del reinado de Isabel. De hecho, gran parte de la música de Tallis, por ejemplo, sobrevive solamente a través de fuentes del siglo XVII. Sin embargo, es posible trazar un derrotero de cómo en la Chapel Royal y en los principales establecimientos de Londres llegó a ser aceptado un estilo de escritura más elaborado que explotaba la colocación del coro anglicano a ambos lados del presbiterio, conocidos respectivamente como decani y cantoris. Esta disposición alentó tanto la escritura antifonal como una manera más rica de abordar la música vocal. El uso del órgano con fines de acompañamiento( a pesar de las objeciones de los puritanos contra el instrumento) permitió el desarrollo del verse anthem, en el que se alternaban solos acompañados con secciones corales. Sin embargo, en las provincias tales ideas no siempre fueron factibles y en los rituales públicos el sentimiento puritano alentó el uso de salmos métricos y el canto al unísono.
Hacia mediados del siglo XVI hubo un incremento en la producción de música escrita para uso doméstico.
Las grandes casas, para muchas de las cuales el establecimiento de una capilla se había vuelto ocioso, continuaron patrocinando a músicos profesionales para el entretenimiento y para la educación de sus hijos y sirvientes. Florecieron algunas formas musicales como la * partsong y la * consort song( en la que un conjunto de instrumentos apoyaba voces solistas). Hacia finales del siglo, las canciones con laúd gozaron de un auge espectacular y la partsong a menudo fue transformada en madrigal, una imitación vernácula del modelo italiano. Sin embargo, no debemos asumir que las piezas de mayor dificultad fueron escritas para ser leídas por todos a primera vista después de las comidas, como parece insinuar Thomas Morley en su A Plaine and Easie Introduction to Practicall Musicke( 1597). Es muy probable que en las casas educadas los salmos métricos armonizados y las formas más simples de consort song y partsong se hayan utilizado para tales ocasiones y, sin duda, a menudo se tocaba música puramente instrumental, para consort completo o mixto, tanto para bailar como para apreciarse; además, tanto las damas aficionadas como los caballeros profesionales cultivaron la música para teclado.
La sociedad católica, incluso bajo las severas desventajas legales que debía enfrentar, produjo un impresionante repertorio de música sacra sobre textos latinos, principalmente por el longevo William Byrd( c. 1540-1623). Tallis y Byrd, a quienes se les había concedido un monopolio de música impresa, publicaron de manera conjunta una serie de Cantiones sacrae en 1575 y Byrd produjo después dos series más por su cuenta. En muchas de éstas, así como en otras tantas obras que sólo sobrevivieron en forma de manuscrito, se puede apreciar un cierto carácter de protesta respecto a la situación de los católicos, aunque sólo ocasionalmente algunos textos de este tipo lograron provocar algún tipo de reacción en los protestantes. Sin embargo, Byrd también editó tres misas impresas; las copias de éstas que han sobrevivido están vinculadas con sus dos libros de Gradualia( 1605, 1607). Los Gradualia consisten principalmente en adaptaciones del Propio de la misa y difícilmente se intentó utilizarlos litúrgicamente en las casas católicas, si bien la complejidad de algunos incluidos en el segundo libro nos hace dudar si pudieron haber sido practicados alguna vez en su totalidad.
La primera parte del siglo XVII fue testigo de un movimiento dirigido hacia una mayor elaboración ritual en la Iglesia anglicana y el último florecimiento de la tradición isabelina en la composición de música y anthems para el servicio religioso. En cuanto a la música secular,