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del solista( discreta en el Cuarto, impactante en el Quinto), y en las tres obras el movimiento lento se funde con el movimiento final. El Quinto concierto es una de las más poderosas afirmaciones en el estilo“ heroico” de Beethoven: el ingenio de la escritura solista de Mozart es reemplazado por la elaboración poderosa y enérgica de unos cuantos motivos fecundos.
5. El siglo XIX En las décadas posteriores a la muerte de Beethoven, el concierto se vio cada vez más afectado por la preeminencia del compositor-intérprete virtuoso y la sinfonía en el ámbito de los conciertos. Un factor constante en el concierto del siglo XIX fue el impulso por redefinir las fronteras del virtuosismo. En la música para violín, la figura clave fue Paganini, cuyos tres primeros Conciertos para violín( no. 1, c. 1815; no. 2, 1826; no. 3, 1826) se sitúan en la cima del repertorio de“ lucimiento”. En un grado aún mayor que en los dos conciertos para piano de Chopin( no 1, 1830; no. 2, 1829-1830), la orquesta se sitúa en el fondo de manera que al instrumento solista se le otorga la atención íntegra del público. Paganini descartó cualquier intención de“ competencia” musical en favor de la emoción de la técnica maravillosa del solista, aunque las líneas solistas de Chopin exhiben una gracia y una sensibilidad mucho más refinadas. La técnica pianística revolucionaria de Liszt es subyugante en sus dos Conciertos para piano( no. 1, 1849; no. 2, 1839; ambos revisados más tarde), la Totentanz( 1849, revisada después) y la Fantasía húngara(? 1853); fue ampliamente admirada y se perciben sus ecos en muchos conciertos para piano de la segunda mitad del siglo.
El dominio de la sinfonía en los programas de conciertos significó inevitablemente que el concerto jugara un papel menor en el arsenal expresivo de la mayoría de los compositores. Se convirtió en un género que los compositores habrían de abordar sólo unas cuantas veces a lo largo de su vida creativa, y muchas obras se originaron como regalos para intérpretes favoritos. Varias de esas relaciones resultaron especialmente fructíferas: Schumann escribió su Concierto para piano para su esposa Clara; Mendelssohn y Brahms compusieron sus conciertos para violín para Ferdinand David y Joseph Joachim respectivamente. La sinfonía tuvo también un efecto más tangible sobre el estilo y la forma del concierto. Su ideal característico de un elevado y sostenido discurso puede escucharse en muchos conciertos de este periodo. Brahms construyó masivas estructuras sinfónicas en sus dos Conciertos para piano( no. 1, 1854-1858; no. 2, 1878-1881); de hecho, el primer movimiento del Primer concierto había sido previamente considerado material para una sinfonía, y el Segundo concierto está en cuatro movimientos, incluyendo el scherzo más parecido a Beethoven de toda su música orquestal.
El Concierto para violín de Brahms( 1878) comienza con un largo ritornello, pero para la mayoría de los compositores del siglo XIX la forma sonata y la fantasía fueron más importantes que el principio del ritornello. Así, muchos conciertos que por lo demás son totalmente diferentes se inician con la participación sostenida del solista( por ejemplo, el Concierto en mi menor para violín de Mendelssohn y el Concierto no. 1 para piano de Chaikovski). La sinfonía tuvo en efecto profundo en la escritura orquestal en el concierto del siglo XIX. A medida que los avances técnicos hicieron más poderosos los instrumentos solistas, los compositores explotaron cada vez más las texturas orquestales sinfónicas. Esto fue especialmente adecuado para competir con pianos más sonoros, pero es igual de evidente en los Conciertos para violín de Mendelssohn( 1844), Bruch( no. 1, 1868), Brahms, Chaikovski( 1878) y Dvořák( 1879-1880), así como en el Concierto para violonchelo de Dvořák( 1894-1895).
6. El siglo XX Eclipsado por la sinfonía en la actividad de conciertos del siglo XIX, el concerto experimentó un notable renacimiento en el siglo XX. La atracción perenne por el virtuosismo era tan fuerte como siempre y el atractivo comercial de los intérpretes estrella comenzó a ser cada vez más significativo en el encargo de nuevas obras. En una era de cambio social extremo y rápido, los compositores se fascinaron con la relación entre el individuo y el grupo; y la flexibilidad de los principios fundamentales del concerto se hizo más atractiva en un tiempo en que había una creciente fragmentación del estilo y la forma musical.
La diversidad de respuestas musicales a estos temas es, quizá, la característica que define al concierto del siglo XX. El repertorio se expandió para incluir conciertos para instrumentos que antes habían sido ignorados, muchos de ellos gravitando alrededor de grandes intérpretes como el trombonista Christian Lindberg y el saxofonista John Harle. Los compositores ampliaron las posibilidades de textura, abarcando desde novedosos colores orquestales y técnicas ampliadas de ejecución, hasta el abandono total de los contrastes