325 clásica, La época
Sturm und Drang, marcados por sus tormentosos exabruptos y su tono apasionado, y el ligero estilo galant, con su aura de gracia encantadora y cortesana, así como sus patrones cadenciales estandarizados. Todas estas características tuvieron que sintetizarse para que el estilo universal de la alta era clásica pudiera consumarse.
Fueron Haydn y Mozart los que lograron esa síntesis en su forma más completa: y en eso radican los argumentos enérgicamente propuestos por Charles Rosen( 1971) en particular, de que el estilo clásico vienés es el estilo de Haydn, Mozart y, en una extensión más tardía, Beethoven, y que por ello no es apropiado hablar de un“ periodo clásico”. Friedrich Blume( 1970) ha argumentado que“ no hay un periodo de estilo‘ clásico’ en la historia de la música, sino sólo un periodo“ clásico-romántico”’, aunque continúa refiriéndose a él. Sin embargo, muchos escritores han sentido que es realista, por no decir conveniente, aceptar que el periodo de los compositores clásicos, aunque sean muy pocos en número, puede con justicia ser considerado un“ periodo clásico”. En cualquier caso, la mayoría de los compositores activos en este periodo compusieron en estilos que en un sentido general son indistinguibles de los estilos de los grandes creadores. Es sin embargo indiscutible que sus propios lenguajes personales carecen de la amplitud y la riqueza de los de Haydn, Mozart y Beethoven, o de su universalidad: pues entre ellos, estos tres llegaron a alturas muy superiores a las de cualquiera de los compositores de su tiempo( y podría decirse que de cualquier tiempo) en todos los géneros musicales importantes: la sinfonía, el concierto, el cuarteto( y el quinteto) de cuerdas, la sonata para piano, la ópera( tanto cómica como seria) y la música sacra.
Otro compositor con méritos para ser considerado clásico vienés, aunque mucho más limitado que estos tres, fue Gluck. Su contribución principal fue la creación de un nuevo estilo operístico( en el que no fue el único, pero sí el más prominente), que renunció a las extravagancias, vocales y decorativas, de la ópera seria italiana, a favor de una“ noble simplicidad” al estilo de Winckelmann. En Orfeo ed Euridice( 1762), Gluck se concentró en un solo tema y en las emociones de sólo dos personajes y desarrolló un lenguaje, menos plagado de convenciones que el usual, para aumentar su expresión; sus óperas tardías, especialmente Iphigénie en Tauride( 1779), desarrollan sus principios a la vez que mantienen un enfoque poderoso sobre las emociones de sus personajes principales. Pocos compositores( entre ellos Salieri) fueron influidos con fuerza o directamente por Gluck, al menos durante una generación; Mozart mostró en su última ópera clásica, La clemenza di Tito( 1791), una manera de lograr una síntesis clásica a través de una simplificación menos radical de la tradición operística de Metastasio, y este tipo de“ reforma” estaba alineada cerca de las innovaciones operísticas italianas de la década de 1790.
La ubicación de Beethoven al interior de la escuela clásica vienesa da lugar a temas complicados. Para aquellos que en un inicio describieron la escuela inmediatamente después de su tiempo, su estatura de gigante exigía su inclusión como un clásico instantáneo. Sin embargo está claramente situado al menos al borde del Romanticismo, con su salvajismo y su extravagancia, su resistencia a observar las convenciones, su interés por los significados extramusicales de su música, su propósito de originalidad( renunciando a la tradicional facilidad de comunicación clásica), su actitud heroica hacia su arte y su sufrimiento personal. Su claro distanciamiento de Haydn y Mozart y el sentido de la forma clásica que siempre conservó( quizá su resistencia a las innovaciones jugó un papel en esto) es lo que justifica su inclusión. También hay argumentos para incluir a Schubert en este selecto grupo( como lo hace Rushton, 1986), ya que mantiene las proporciones clásicas en sus composiciones maduras en un sentido en que los románticos posteriores no lo hacen; sin embargo es claro, especialmente a partir de su manejo de la forma y el incidente, que sus prioridades no son las mismas de Haydn, Mozart o Beethoven y que su pensamiento musical, una vez pasadas sus obras tempranas, es el de la nueva era. Entre otros compositores de la época, se puede argumentar a favor de Rossini como clásico más que como romántico en su pensamiento compositivo.
Los grandes avances sociales concurrentes con la época clásica tuvieron una profunda influencia en la vida musical y en la composición musical. Primero, la suerte del compositor sufrió cambios considerables. En 1750, la mayoría de los compositores estaban contratados por patronos privados o por la Iglesia; para 1800, el patrocinio privado había disminuido notablemente y un número creciente de compositores tenía que ganarse la vida de manera independiente, componiendo e interpretando para un público más amplio. Esto, en términos generales, se hizo más sencillo gracias al auge de la vida de conciertos, que se había desarrollado sustancialmente desde la