Tango y Cultura Popular ® N° 165 - Page 8

despreocupan ("La poesía no tiene calendario") y rehuye toda polémica referente a su estilo o al de otros músicos. Astor Piazzolla, Francisco Canaro, Aníbal Troilo o Palito Ortega le dan lo mismo y su opinión sobre ellos puede resumirse en la única que emitió sobre hombres, hechos o movimientos en el curso de la entrevista: "¿Los hippies? Allá ellos. Que vivan su vida; yo vivo la mía, que es una sola. No me interesa la de nadie; no me meto; que hagan lo que les parezca. Yo sigo mi camino". Una senda que, pese al lapidario juicio de sus detractores, lo motiva a sociologizar: "Es que yo he captado el gusto del pueblo, interpretando sus sentimientos. Y ser pueblo es muy difícil. Cualquiera puede ser conocido sin ser pueblo. Identificarse con él es muy complejo". Explicación que completa el humorístico entusiasmo de uno de sus músicos: "El maestro es como las hojitas de afeitar, como los impuestos -bromea-: interminable". Del Zoológico al Chantecler Si no es interminable, lo parece. Sus 54 años en la música popular lo empujaron de uno a otro género hasta que se consagró definitivamente al tango. Después de su vagabundeo con Bonesi, debutó en teatro con la compañía de operetas y zarzuelas liderada por María Penellas y Esperanza Iris, integrando una orquesta que interpretaba tangos, chotis y pasodobles. En 1918 forma un dúo con un viejo condiscípulo de su misma edad, Ángel D'Agostino, para animar las funciones de un teatro de títeres y marionetas en el Jardín Zoológico. Arata-Simari-Franco, en un sexteto que se encargaba de dar el ritmo a legendarias figuras del baile porteño: El Mocho, La Portuguesa y Casimiro Aín. El auge del jazz; en Buenos Aires lo apartó del tango hasta 1925, en que retornó con la típica Paramount, nuevamente asociado al pianista Ángel D'Agostino. Reunió después a Luis Visca y Anselmo Aieta en Los Ases del Tango. Finalmente, se animó a romper con las normas de la época y, en 1928, ganó la calle con el rótulo de Juan D'Arienzo y su orquesta típica. El cantor era Carlos Dante. Otra etapa fundamental, en su carrera se abrió hacia 1934. La gente empezaba a identificarse con esa cadencia saltarina que brotaba del escenario del antiguo Chantecler, de la calle Paraná. Por ese entonces agregó su nombre al elenco del sello grabador que ya no abandonaría: RCA Victor, registrando "Hotel Victoria" y el vals "Desde el alma". Pero fue necesaria una alarmante crisis del tango para que D'Arienzo se instalara como líder indiscutido de la música típica. Fue en 1937, cuando frente al avance incontenible del jazz, que había desplazado al tango hasta de sus más inviolables reductos, el avispado director ingresó en Radio El Mundo para convertirse en El Rey del Compás.