En relación a cómo, cuánto y qué comía, este concepto me resultó más claro que el agua. Un profundo e inconsolable dolor emocional por NO PODER manejar mi relación con la comida y sufrir las consecuencias en peso y enfermedades crónicas resultantes.
Si que pasé a la segunda parte de la oración “que nuestras vidas se habían vuelto ingobernables”:
“Ingobernable significa que no puede ser dirigido, guiado o controlado. La ingobernabilidad emocional es la manifestación de la impotencia y suele manifestarse en sistemas de convicciones enfermizos o falsos sobre nosotros mismos, el mundo en que vivimos y las personas que nos rodean".
Escuché en un compartimiento que la vida es lo que pienso, lo que siento y lo que hago, y que este paso me está pidiendo que admita que esos aspectos son ingobernables en mi vida.
Aquí la cosa se me complicó. ¿Qué no se trata solo de la comida? Sí, mi vida es absolutamente ingobernable si solo pienso en comida, siento hambre todo el tiempo, como mucho y vomito sin control.
Pero este concepto me habla no solo de mí sino del mundo en que vivo y las personas que me rodean. Y me habla de sistemas de convicciones enfermizos y falsos.
En mi búsqueda, he encontrado muchas respuestas escuchando muchos compartimientos y leído parte de la literatura y hablando con mi padrino y otros compañeros. Entendí que el concepto de ingobernabilidad emocional se puede aplicar a cualquier enfermo emocional independientemente del síntoma de su enfermedad, siendo la adicción a la comida y las actitudes negativas resultantes de esta adicción uno de los síntomas entre una gran gama de adicciones que existen.
Así que deduje que no se trataba solo de “la comida” y “el peso”. Era “todo” y tenía que descubrir cómo este “todo” influían en mi enfermedad. Tenía que descubrir cómo este “todo” afectaba mi aspecto físico, emocional y espiritual.
Cuando reflexioné en cómo este “todo”, el mundo y los demás, influían en mi enfermedad lo que encontré me llevó directo a la autoconmiseración y a la victimización. Lo que yo era y lo que yo hacía era resultado de cómo los demás me habían hecho o dicho y que mis circunstancias habían sido adversas. Mi mamá no me quiso, mi papa nos controlaba al extremo, nací con una predisposición genética a la depresión, en el país donde vivo hay una gran discriminación, etc.
Y que me cachan. Y que me lo dicen. Y que me veo en el espejo y solo veo una conmiserada que seguía buscando pretextos y excusas. ¿Y entonces…?
Volví a leer el concepto. “convicciones enfermizas o falsas sobre nosotros mismos….”. Momento. Nosotros mismos… ¿o sea…YO? ¡Bingo!
Si la vida es lo que pienso, lo que siento y lo que hago, entonces ahora me tocaba revisar cómo esto alimentaba mi enfermedad y había vuelto mi vida ingobernable. Y aquí si se puso bueno. Empezó un camino de dolor del que quería salir corriendo una vez sí y otra también. Y ahí estuvo mi grupo, mi padrino y también conté con el apoyo de mi esposo y el angelito que me trajo al grupo.
Yo era impotente ante la comida, y punto.