"Solo por hoy" volumén 5 | Page 21

Comencé a trabajar en telenovelas y programas unitarios y un día me tocó compartir camerino con una actriz y recuerdo que en cada descanso se ponía a leer un libro y cuando le pregunté que de qué trataba me dijo “es mi biblia” y efectivamente no lo soltaba. Yo me hice a la idea de que si seguía paso a paso lo que decía su “biblia” iba a tener el cuerpo que ella tenía y no tardé ni una semana en terminar de leer ese libro que fue el que me llevó de la mano hacia mis primeros pasos en la anorexia.

De un día para otro me convertí en vegetariana y comencé gradualmente a suprimir alimentos que yo consideraba “peligrosos”. Primero me dio por alimentarme sólo con jugos y batidos pero poco tiempo después los dejé y ahora sólo me mantenía con 200 grs de queso panela que compraba en el súper y un paquete pequeño de pretzels, lo cual acompañaba con un refresco light. No comía nada más que eso en todo el día.

Seguía con mucha presión por bajar de peso mientras estudiaba y mis nervios empezaron a descontrolarse terriblemente.

Empecé con periodos de depresión y de ansiedad incontrolables que me llevaron a recurrir al psiquiatra quien tras hacerme varios estudios detectó que tenía una deficiencia casi total de litio que es la sustancia que se preescribe para equilibrar a las personas maniacodepresivas que tienen problemas de oscilaciones en el estado de ánimo y psicosis. Uff… ¡esto se oye alarmante! Pero así fue y la causa según mi psiquiatra (que era una eminencia) era que al no tener nutrientes en mi cerebro, todo se había descontrolado en mi.

Yo presentaba cuadros de ansiedad muy fuertes que me llevaban a tener episodios traumáticos como alucinaciones visuales y auditivas.

Recuerdo que uno de los momentos más impactantes que viví fue un día que estaba yo en mi recámara y empecé a ver ojos volando por todas partes, era como si flotaran y por más que me tallaba los ojos para que desaparecieran, ahí seguían. En esa misma época en un arranque de ansiedad me aventé por las escaleras de mi casa con la intención de hacerme daño. Solía golpearme la cabeza contra la pared con la esperanza de que se fueran los pensamientos que me tenían atrapada, pero nunca lo lograba.