Conforme fui creciendo, mis hábitos alimenticios cambiaron y de un momento a otro me hice adicta a la comida chatarra y al refresco. Tenía mis temporadas en las que lo único que consumía eran pastelillos o bien papas fritas o dulces, siempre acompañados con refresco que no soltaba en ningún momento. Y así transcurrieron esos años de secundaria en donde mi peso y mi cutis empezaron a resentir el exceso de grasa que consumía. Me doy cuenta ahora que esos productos me generaban una fuerte compulsión y que particularmente eran las harinas y azúcares refinados algo imprescindible para mí en aquella época de secundaria y preparatoria.
Pero al terminar la preparatoria tuve un acto de rebeldía fuerte.
Les dije a mis papás que quería irme a estudiar actuación, y ellos fueron muy tajantes, me dijeron que primero estudiara una carrera universitaria y después hiciera lo que quisiera. Ante su negativa vino mi rebeldía, así que en un arranque decidí salirme de la
casa y entrar a una casa de religiosas,
mientras ellos reaccionaban.
Me fui un 14 de septiembre de 1992,
lo recuerdo bien… pero lo que nunca
imaginé es que en ese lugar iba a vivir.
vivir mi primer período grave como
comedora compulsiva.