Especial bulimia y anorexia
Soy Elisa, soy anoréxica, bulímica, comedora compulsiva, codependiente y quizá algo más que aún no he descubierto.
Comenzaré por agradecer profundamente a mi Poder Superior y especialmente a este maravilloso programa la oportunidad de plasmar en estas líneas una parte de mi experiencia y de lo que ha significado vivir con esta enfermedad por más de 20 años.
Soy la menor de cuatro hijas y crecí en una familia verdaderamente hermosa, con unos padres amorosos que vivieron toda su vida unidos en matrimonio. Pero ¡cómo! ¿No se supone que si soy adicta debo venir de una familia disfuncional con padres alcohólicos o adictos? Esa pregunta me la hice una y mil veces y la respuesta que encontré es que no necesariamente.
Crecí en un ambiente feliz en donde mi mamá vivió obsesionada con su peso y talla desde joven, pero que nunca la llevó a tener un desorden alimenticio como tal.
Recuerdo que una de las primeras veces que llamó mi atención algo “extraño” con relación a la comida fue cuando de niña escuché como mi hermana vomitaba después de comer en el baño de visitas; sin embargo, eso no fue relevante en mi vida no marcó en mí la idea de hacer lo mismo en esos momentos. Era realmente una niña muy feliz y amada que no se detenía a pensar en algo así.
Recuerdo haber pasado toda mi infancia con suplementos alimenticios que mi mamá me daba antes de las comidas. Podíamos pasar horas sentadas frente a mi plato mientras yo terminaba lo que me había servido. Confieso que nunca fui buena para comer, me costaba mucho trabajo, desde temprana edad tuve conflictos con la comida y así crecí, siendo una niña flaca sin buena alimentación que padecía anemia, pero nada de gravedad.