SINAPSIS –Abril 2016
RINCÓN PARA LA FILOSOFÍA
E
l
rincón
para
la
filosofía, como ya se
expuso en el número
anterior, es un espacio
para el análisis, la introspección y el
conflicto cognitivo.
Partimos siempre de un texto
(En este caso, un fragmento de
Escuela para Idiotas de Sasha
Sokolov) y se lo entregamos a unas
personas para su análisis. En esta
ocasión, los elegidos han sido un
maestro de pedagogía terapéutica,
una estudiante de pedagogía, una
orientadora educativa, una directora
de un instituto de educación
secundaria y una inspectora de
educación.
Empecemos.
Era en un día de aquel mes
encantador cuando al principio de la
tarde, en la parte occidental del cielo,
en la constelación de Tauro, se ve
Saturno, que pronto desaparecerá bajo
el horizonte, y en la segunda mitad de
la noche se distingue la brillante Júpiter
en la constelación de Capricornio, pero
por la mañana, mucho más a la
izquierda y más abajo, en Acuario,
aparece Marte. Pero lo más importante
es que durante este mes florece
vertiginosamente el cerezo aliso en el
jardín de lilas de nuestra escuela:
somos nosotros, los tontos de varias
generaciones, quienes lo plantamos
para envidia de todos los listos que
pasan por la calle de al lado. Querido
Savl Petróvich, permítame observar
aquí que nosotros, cautivos de la
escuela especial, esclavos del sistema
de las zapatillas Perillo, exentos del
derecho a tener una voz humana
normal y obligados por ello a gritar con
nuestro grito uterino desarticulado,
nosotros,
pobres
moscardones,
enredados en las telas de araña de las
horas de clase, nosotros, a nuestra
manera, como idiotas que somos, la
queremos, queremos a nuestra odiada
escuela especial, con todos sus jardines,
profesores y guardarropías. Y si nos
propusieran pasarnos a la escuela
normal, a la escuela corriente para
alumnos normales, después
de
comunicarnos que nos hemos curado y
que somos normales, diríamos ¡no, no,
no queremos, no nos echen!, nos
pondríamos a llorar, secándonos la
lágrimas con la asquerosa bolsita de las
zapatillas. Sí, la queremos porque nos
hemos acostumbrado a ella, y si un día,
después de haber pasado varios años,
en cada aula, con sus pupitres
marrones y negros tallados, si un día la
acabamos, nos enfadaremos mucho.
Porque entonces, si la abandonamos, lo
perderemos todo – todo lo que hemos
tenido. Nos quedaremos solos, nos
volveremos solitarios, la vida nos
desparramará por sus esquinas, entre
las muchedumbres de listos que corren
hacia el poder, las mujeres, los coches,
los diplomas de ingeniero, pero
nosotros – idiotas redomados – no
necesitamos nada de eso, sólo
queremos una cosa: estar en clase,
mirar por la ventana las nubes que
arrastra el viento, sin prestar atención
al profesor…..
Sasha Sokolov
Escuela para idiotas
Comunicación y libre pensamiento