SIN PELOS EN LA LENGUA - ALBERTO AGUIRRE Y FERNANDO GONZÁLEZ | Page 50
para ti y para los otros, y deja esos histerismos,
oh filósofo! Mira: ¿qué mujer podrá amar a un
hombre examinador? ¿Cómo podrá ser agradable
para la cama un ser que no se contenta con los
cinco sentidos? Hombres ansiosos de que Dios los
distinga con el honor de hablarles de hito en hito.
Hombres que esperan a que Dios los secretee para
obedecer. Eso son los filósofos, seres impotentes
para vivir el humilde presente. La impotencia
de los sentidos es la causa de esta locura que se
llama filosofía. Un hombre sano se contenta con
los sentidos y con el mundo-universo. El problema
de la supervivencia del yo ha sido puesto por los
delirantes” (p. 282).
Él era de los delirantes. Y se dolía. Es una vocación,
un llamado que no puede ser resistido:
“Quien escribe para conseguir dinero, se
llama comerciante; si honores, político; si para
convencer, sofista; si para propagar doctrina y
otra cosa, propagandista, etc. Quien escribe por
exigencia de su espíritu, para manifestarse, así
como pare el animal, es artista, vive divinamente.
Dios se manifiesta en todo; la actividad divina es
la manifestación: Deus sive natura” (p. 427).
Fernando González vivió divinamente, en el
sentido sutil y vario que tiene esta voz. Porque su
vida fue manifestación. Y la palabra que escribió
es del todo manifiesta.
Medellín, julio de 1996
48