SIN PELOS EN LA LENGUA - ALBERTO AGUIRRE Y FERNANDO GONZÁLEZ | Page 48

bregando por convencer a una muchacha, hija de un ‘blanco’ de Envigado” (p. 15). Aquí está una primera seña. La filosofía brota de la vida y no de los infolios casposos. González filosofaba en los tranvías y debajo de los yarumos blancos, pero no por fugas esotéricas, sino por la observación de la realidad en torno. Decía Platón, en La República: “En cambio, hay que llamar filósofos, y no amigos de la opinión, a los que en todo van a la esencia de las cosas”. Dice González: “La filosofía es arte sencillo; es el arte de observar cautelosamente, agrupando hechos que luego se enuncian como proposiciones madres” (p. 255). En abril de 1936 fue secuestrado, cerca a Nueva York, el hijo de Lindbergh, el primer hombre en cruzar el Atlántico en avión. Un héroe. Ese secuestro sacudió al mundo. Fue acusado Bruno Hauptmann, un modesto carpintero de origen alemán. En su revista, González sigue el suceso y lo comenta, denotando la falacia de los cargos, la crueldad de la justicia y la inocencia del acusado. Hauptmann fue llevado a la silla eléctrica. Escribe entonces: “Apenas lo electrocutaron, dejamos de sufrir por él, así como él dejó de sufrir. Era, pues, simpatía, participación. Somos solidarios. Hay atmósfera sensitiva. Los días tristes, ciertos días negros ¿provendrá el estado triste, en mucho, de 46