SIN PELOS EN LA LENGUA - ALBERTO AGUIRRE Y FERNANDO GONZÁLEZ | Seite 46
de Mademoiselle Tony, suscitando amores, deseos
y retiros. Es un esbozo de El remordimiento.
La Semana Santa en Envigado, descrita con todo
detalle como si fuera un cuadro de costumbres,
tiene también la calidad de la creación literaria.
Porque Fernando González penetra la costumbre,
la encuentra palpitante, reveladora. Y la explaya
como marco para la reflexión, para ese pensar
incesante a partir de la realidad, aún la más
menuda. Veía el mundo con curiosidad insaciable,
y pensaba en el mundo y a partir del mundo.
Profundamente religioso, esto es, empapado de
la Divinidad, de ese Deus absconditus que nadie
conoce. Pero qué torpe es ese juicio apresurado (es
de quienes no lo han leído), que pone a González
como un simple cristero. Por lo pronto, tenía clara
conciencia del riesgo clerical: “Los problemas
clericales de Colombia son debidos a la mala
educación del pueblo y de los ministros del Altar.
Hay idolatría y cierta estafa: la primera por parte
del pueblo y la segunda por parte del sacerdote” (p.
158). Y este puede ser el resumen de su credo: “Nada
sé de Dios ni de los dioses, pero los reverencio;
tengo mucho respeto a ellos, los temo y los invoco.
Soy, pues, religioso por naturaleza, pero nada sé de
ellos, ni siquiera si existen” (p. 217).
Podría decirse que Fernando González también
era jesuita. Vamos a tratar de explicarlo. Escribe:
“En Envigado todos somos gente de iglesia,
44