SIN PELOS EN LA LENGUA - ALBERTO AGUIRRE Y FERNANDO GONZÁLEZ | Page 45

un mundo. Ahí está el mundo del sacerdote en propiedad —el que no podía ser removido sino por causas extremas—, que se constituía en pivote del pueblo. En la historia de Antioquia, en particular, no se ha hecho hincapié en el peso del cura párroco como cifra en el desarrollo de las comunidades, y en la fijación de su carácter. Esta novela recoge ese mundo, lo hace legendario (que es la virtud del novelista). Dice: “Aquellos curas en propiedad, de la Marinilla, de Neira, de Abejorral o de Envigado, ¡pues esos sí eran curas y esos sí eran tiempos! ¡Qué personalidades, qué caridad, qué culos y qué voces!”. Eran como profetas, dice luego. Cómo penetra la vida sacerdotal y cómo conoce al sacerdote, y cómo los revela. Es otro de los tesoros de esta Revista Antioquia, que es como una mina de múltiples vetas: “El sacerdote es el hombre que más se deja querer; jamás aman; siempre son amados; por eso reconocemos humildemente que cometimos un error al no ordenarnos... No aman porque no pueden amar sino a Dios; a los hombres y a las mujeres ‘les tienen compasión’... Y se dejan amar porque son representantes de la Divinidad” (p. 133). La primavera es novela encantadora, de amor, de remordimientos, de pulsiones y deseos. Y hace una singular trasposición del mundo animal al propio mundo anímico: es la presencia de la gata Salomé y 43