SIN PELOS EN LA LENGUA - ALBERTO AGUIRRE Y FERNANDO GONZÁLEZ | Page 44

tampoco entienden eso de que era beato. Y lo toman por un chupacirios. Volvamos al estilo del hombre: es el que ha domeñado sus pasiones. Era beato y mago. Y también era poeta. Y novelista. Y filósofo. Aunque éstas son simples etiquetas, buenas sólo para clasificaciones de manual universitario. Su poesía es vivencial, y como su vida se manifestaba ante todo en el pensar, aquella tiene este trasunto. Pero no es filosofía, sino canto desde la entraña (lo que viene a ser lo mismo). Sólo esta estrofa: Triste equivale a viejo: Inútilmente pasan las horas; metal sin eco, campana rota, vaso con fisura es el cuerpo viejo. El cansancio del viejo es anticipado: es desgano como de líquido espeso en el tubo (p. 566). Y era novelista, o sea, que el mago también hacía novela. Don Benjamín, jesuita predicador, que aparece en sucesivos números de la revista, es novela pura. Riqueza y autenticidad del mundo creado, precisión en el detalle, visión global, descripciones de fuerza visual, diálogo fresco y fluido, mediante lo cual logra hacer presente una vida y su entorno. Y novela que pone a pensar porque pone a gozar. Crea un personaje, Don Benjamín, que encarna 42