SIN PELOS EN LA LENGUA - ALBERTO AGUIRRE Y FERNANDO GONZÁLEZ | Page 41

eran de palo, eran santos de palo... Candelaria fue dejando caer una mano sobre el sofá, con la palma para arriba, implorante... Al rato, el P. Pachito dejó caer al descuido su mano encima de la paloma, es decir, de la mano de Candelaria, y luego, lentamente, acarició aquella mano mientras hablaban de la congregación” (p. 146). Candelaria tenía diecisiete años: “El eje cigomático, largo; mandíbula inferior, fuerte. Era caricuadrada, llena en todo su cuerpo; pechos virginales, erectos, poderosos...”. Y este himno a Jehová, al cumplir 41 años: “¡No me dejes, Señor, pues mis dientes caerán y mi vientre se hará como mofletes de hombre carnívoro! ¡Ven, Señor, porque estoy llorando al sentir el frío de la vejez! Sin ti, mi cabello se torna como el pelo del pubis de la momia de la puta que me mostró el enterrador Urquijo” (p. 125). Es un deleite leer la prosa de Fernando González. “Sólo hay un estilo verdadero y consiste en decir lo que uno piensa”. Y añade: “Hay también otros estilos falsos, entre ellos el ‘bello estilo’ y ‘el estilo de matones de café’. Ahora vamos a tratar del ‘bello estilo’. El origen de éste fue Cicerón; de él lo tomaron los italianos; de estos pasó a España y de aquí a las Américas, en donde culminó, pues los americanos son híbridos, o sea, falsos. Podemos llamarlo también estilo suramericano” (p. 180). 39