SIN PELOS EN LA LENGUA - ALBERTO AGUIRRE Y FERNANDO GONZÁLEZ | Page 37
[…] Los enemigos de Arredondo son ese grupo
de familias cachivacheras del Parque de Berrío,
en Medellín, que desde el tiempo de Rafael Reyes
vienen explotando la política para enriquecerse”
(pp. 241-242). Y más adelante:
“El latrocinio propiamente antioqueño es la estafa.
Aquí se trabaja con la inteligencia. Por eso el Diablo
es de Medellín. Antioquia es pueblo comerciante, y
el comercio casi, casi se confunde con la estafa; por
lo menos se parecen mucho. Pongan a Santo Tomás
a que diga en determinado caso en dónde terminó
la habilidad comercial y comenzó el engaño, y
verán que se les queda pensando” (p. 517).
De esos análisis, de esa penetración de tejidos
sociales patógenos, hecha con escalpelo, iba
saliendo su teoría del mulato suramericano y del
complejo de bastardía que signa a estos países,
que habría de explayar en Los negroides. Esto lo
escribió en Marsella: “En Europa, el sucederse de
las estaciones hace apreciar mucho la existencia; en
el trópico se confunden morir y nacer; carecemos
allá del reloj vital” (p. 520).
El drama es vivir en el trópico. Habría que entender
esto, sin pujos ni lamentaciones, y caminar algún
día el camino que Fernando González iluminó.
Por lo menos, tomar su método, que es una
actitud. Más que una enseñanza o una lección,
es un camino. Vivía al vaivén. Lo cual también
tiene sus peligros.
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