SIN PELOS EN LA LENGUA - ALBERTO AGUIRRE Y FERNANDO GONZÁLEZ | Page 36
ciudad de todos, corazón de un país. Bogotá es
aldea incomprensiva, aislada, costosa, lanuda y
chocolatera; es clima proclive a los vicios contra
natura” (p. 484).
Esto no es inquina sino análisis sociológico. Pero
los colombianos lo han entendido como inquina
—en particular los bogotanos—, y por eso en
realidad nada han entendido. Y este país sigue
con el pecado a cuestas. Y está podrido.
“Medellín, dominada por inhóspites vendedores
de rollos de tela; Medellín, guarida de hoscos
fariseos hipócritas” (p. 152). Como un aguafuerte.
Qué nitidez en el retrato, con tal economía de
palabras. Y, como en general en los textos de
González, qué presciencia, que es resultado de
cavar hondo. Metido en la realidad —no en el
concepto— y penetrándola hasta lo hondo, logra
descubrir la esencia histórica. La que pertenece
a eso que se llama la historia larga. Así, lo que
dijo hace sesenta años vale hoy. Y más, porque la
podre, al durar, se acendra y se extiende. Medellín
es hoy igual. La única diferencia es que ya no sólo
venden rollos de tela los cachivacheros.
Esto no es auto-f lagelación sino distancia
crítica. Y conciencia libre. González no era
“patriota”. González, recuérdese, vivía en
Otraparte. Denuesta: “Lo cierto del caso es que
el antioqueño es un mío y un tuyo con calzones.
¡Caramba, qué hombre burdo es el antioqueño!
34