SIN PELOS EN LA LENGUA - ALBERTO AGUIRRE Y FERNANDO GONZÁLEZ | Page 35
‘Ayer nombraron por unanimidad a Eduardo
Santos para director del liberalismo. A la salida
del Senado, sólo el luto riguroso por la muerte de
doña Polita libró al doctor Santos de ser conducido
en hombros’.
¡Abrid los esfínteres para que no habléis apretado,
oh jóvenes bogotanos!” (p. 237).
Dice que la capital “es igual a su fundador,
a ese Jiménez de Quesada, que se robó las
donaciones para obras pías, según leemos en Juan
de Castellanos”. Allí la ley es asesinar y robar:
tolerar el crimen o suscitarlo o cometerlo. Pero su
denuesto a Bogotá y a la casta de lanudos que la
pueblan no es enemistad, ni reacción regionalista,
que González está lejos de todo faccionalismo. Es
que la capital no sólo es símbolo y recinto de la
podre que corroe a la nación, y a los colombianos,
sino que desde allí se riega la plaga por toda la
república. Y el remedio, si quiere ser eficaz, tiene
que atacar el núcleo: “Nuestra lucha no es contra
Bogotá, como ciudad, sino contra ‘el espíritu
de Santander’ que allí reina. No es contra los
santafereños, sino contra los periodistas y los
políticos” (p. 114). Contra la hipocresía. Dice:
“Las debilidades, los titubeos y el retraso de
Colombia proceden del error de haber establecido
la capital en Bogotá, pueblo situado en c