SIN PELOS EN LA LENGUA - ALBERTO AGUIRRE Y FERNANDO GONZÁLEZ | Page 34
educación a un jovencito que no es bachiller. ¡Lo
‘raro’ sería que Alberto no fuera ministro! Uno
de los inconvenientes de la sociología es que nos
quita la capacidad admirativa al mostrarnos la
determinación de los sucesos. Coged un retrato de
Alberto y miradlo detenidamente: la vivacidad de
los ojos, pequeños, de animal efímero; el acabado
menudo de las facciones; los mamones prognatas;
la sonrisa de muchacho malicioso; toda la figurita
nos conduce a la conclusión de que a los tres años
ya tenía pelos e instinto de gobernar” (p. 376).
Es preciso el retratico de Alberto Lleras Camargo.
Y la historia ha establecido esa certeza. Ahora
nombran ministra a una señora porque educó
a seis hijos. Nacen colocados, viven colocados
y mueren colocados. Se trepan al poder, no por
voluntad popular, sino por una fementida vocación
ancestral o por muñequeo burocrático. Por eso
gobiernan para beneficio de las castas.
Esta suma de vanidades y paramentos se da en un
contexto. Con el afán sólo de designarlo habla así
Fernando González:
“El mundo, a cada instante, es nuestro estado de
conciencia. Por ejemplo, todo lo perteneciente
a Eduardo Santos huele y tiene la forma de la
hipócrita virtud: toda Colombia huele a El
Tiempo. Oigan la manera como hablan los
jovencitos desdentados que envían noticias desde
ese periódico:
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