SIN PELOS EN LA LENGUA - ALBERTO AGUIRRE Y FERNANDO GONZÁLEZ | Page 33

veces estas palabras, llegaremos al fin a no ser viciosos solitarios en sociología, pues ya vemos cómo se llega a la presidencia, repitiendo tres vivas” (p. 375). (López Pumarejo, orador de plaza, agitaba a la muchedumbre con tres estentores: ¡Viva el partido liberal!, y eso le bastaba). Es esencial aquello de que “todos puedan comprobar”. Porque la intelligentsia colombiana se ha rodeado siempre de hermetismo para simular el conocimiento. Lo que no se entiende, lo que se expresa de modo confuso y alambicado, es porque debe ser muy profundo. El texto de González era rotundo y transparente. Lo que quería era que entendieran, comprobando sus decires. Pero bien se sabe que no hay peor sordo que el que no quiere oír. Y en Colombia no han querido oír. En fin, Fernando González no era académico, a Dios gracias. Desde esta plataforma veía a los colombianos. Y así, como con rayos X, los penetraba y desnudaba. Ya en Cartas a Estanislao, libro de 1934 —y lo recuerda aquí— había dicho que a “Colombia la gobernaban unos púberes con barbas”. La puerilidad, el capricho, el rencor, la mezquindad, la envidia, como motores del gobierno. Ninguna conciencia del destino. Sólo la conciencia de la ventaja. Apunta: “Ayer no más veía que los periodistas están admirados de que hayan nombrado ministro de 31