SIN PELOS EN LA LENGUA - ALBERTO AGUIRRE Y FERNANDO GONZÁLEZ | Page 32
es nuestro, porque el yo posee todas las doctrinas,
vive todos los aspectos y ama a todos los seres
[…] El hombre primitivo necesita de la escritura
pública para amar los bienes terrenos, del cerco
de púas, para emocionarse con árboles y animales
y de la partida de matrimonio y de nacimiento,
para amar y respetar a la mujer y a los niños. El
presentista vive únicamente su instante, su odio,
su gana de ahora: es un epifenómeno”.
Como el colombiano es presentista, no hay aquí
conciencia histórica. Ni hay memoria. Se vive
la anécdota. Se vive sólo desde las coyunturas,
sin entender ni atisbar siquiera las estructuras
fundamentales. De ahí que la rencilla, y su
producto genérico, la violencia, sean el dato del
hombre colombiano. Es que no entiende. Y los
remedios que concibe para sus postemas son todos
tópicos. No se llega a la raíz. El colombiano no
ve más allá de sus narices.
Por eso es que no ha visto a Fernando González.
Ni ha entendido su método. Es muy claro:
“Pero sigamos describiendo hechos que todos
puedan comprobar. El razonamiento apriorístico
está desterrado de nuestra ciencia y de todas;
nosotros, suramericanos, latinos, debemos
cuidarnos mucho de este vicio de seminario;
no nos cansemos de repetir a la juventud, así:
observar, observar, observar; experimentar,
experimentar, experimentar. Repitiendo de a tres
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