SIN PELOS EN LA LENGUA - ALBERTO AGUIRRE Y FERNANDO GONZÁLEZ | Page 31
hijos de Mammon. […] ¡Oh, bendito rey nuestro
colombiano, has dado a tus hijos la seguridad! ¡Ya
no temblará la conciencia, ya no temblará, ya no
existirá esa bruja! ¡Hemos matado la conciencia!
¡Somos hijos tuyos y de la tierra! ¿Qué nos importa
el Otro, el Sacrificado? ¿Acaso soy guarda de
Abel?’ ¡Hace siglos que se dio la gran respuesta a
la conciencia!... ¡Colombia! ¿Quién eres? ¡Sepulcro
de la conciencia!” (p. 622).
Aplicando el oído a la realidad, sin pedantería —sin
la pedantería de los conceptos—, logró hacer una
sociología de Colombia. Que la visión crítica de
una realidad ha de surgir de ésta y no de las teorías.
“Voy a bregar por hacer, en pequeños capítulos,
un cursito de sociología colombiano al alcance
de todos los bolsillos y de todas las inteligencias”,
decía en el número 9 (p. 370). Era claro su conato,
y sin aspavientos. González vivía a flor de piel,
la suya y la de su país. Agregaba: “Entiendo por
sociología colombiana la descripción y explicación
de los modos de manifestarse nuestra patria”.
Auscultó al hombre colombiano desde su raíz. O
desde su circunstancia, que viene a ser lo mismo.
El colombiano, dice, es presentista: “Entiendo por
tal, aquel en quien la impresión del instante ocupa
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