SIN PELOS EN LA LENGUA - ALBERTO AGUIRRE Y FERNANDO GONZÁLEZ | Page 29

trapacerías cometidas bajo su mandato. Escribe Fernando González: “Es cierto que el delincuente no se aparta del lugar de la fechoría: ronda por ahí como Raskolnikoff por la casa de la vieja. El delincuente quiere dejar al cómplice al lado de la piedra que cubre el cadáver, y a este tormento lo llaman continuismo... Les diremos que no es necesario dejar un paje ahí, cuidando el entierro; que ya todo lo sabemos; que no somos vengativos; que se vayan con el dinero y con el remordimiento; que los muertos viven en sus asesinos y no necesitan ayuda de los vivos para que la justicia se cumpla ¡Váyase con su conciencia! No lo odiamos. Lo compadecemos. Váyase, pobre hombre, que usted asesinó al sueño, como Macbeth” (p. 543). Parece escrito para lo de hoy. Y era que López Pumarejo quería dejar al “cómplice al lado de la piedra que cubre el cadáver”. Y este (el cómplice, no el cadáver) era Alberto Lleras Camargo. Se fue al fin López, pero dejó a ese. No es que González tuviera el don profético sino que sabía cavar hondo en la realidad. Y en ésta se encuentra, in status nascendi, el porvenir. En 1936 decía: “Así, los yanquis nos tienen cogidos y hacen de nosotros lo que se les antoja”. Al Negro Cano le aconsejaba: “Si continúa de librero, traiga libros de ‘ciencias ocultas’, redomas para mirar el futuro, amuletos y posiciones de Pompeya”. Así 27