SIN PELOS EN LA LENGUA - ALBERTO AGUIRRE Y FERNANDO GONZÁLEZ | Page 26
Esta idea o posición moral —y política— del
anarquismo, como afirmación individual y rechazo
del poder, es esencial en el texto de Fernando
González. En otra parte dice: “Es en el corazón
y en el espíritu donde residen las dificultades
y donde está la solución de los problemas; con
estos directores colombianos, bien podéis expedir
mil leyes y ordenanzas, y la vida continuará
desagradable, difícil y fea”. (p. 240). Hoy es aún
mayor la maraña de leyes y ordenanzas. Y aún
más fea la vida.
Tenía cabal conciencia de la política y de sus
oficiantes y sacristanes. No se perdía en deliquios,
ni fabricaba delirios. Conocía y reconocía la
realidad: “Es un postulado que el político maneja
fuerzas sociales; el político no es maestro de
escuela, moralista ni pensador. Es artífice que
maneja al hombre en cuanto gregario. La política
podemos definirla así: arte de conducir al pueblo
a sus destinos latentes” (p. 152).
Por aquí va apareciendo la idea del conductor,
del duce, que le hizo dar a González uno que
otro traspiés. Quizás inspirado en Bolívar, y
con el asco del faccionalismo, pensaba en el
conductor. Pero es que ningún pensamiento es
monolítico, ni el que lo piensa. La esencia del
ser es la contradicción. Y el que lee también
tiene que entrar en contradicción. No se trata
de comulgar.
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