SIN PELOS EN LA LENGUA - ALBERTO AGUIRRE Y FERNANDO GONZÁLEZ | Page 25
puntos. Los muñecos son los mismos. Y repiten las
mismas trapacerías: “La aduana de Buenaventura
está en las garras de Garcés, y también el consulado
de Nueva York, y el Garcés tiene droguerías, porque
le dio a mutuo mucho dinero al presidente López
para su vivir dispendioso. ¡Hombres-rameras!”
(p. 107). Tal vez lo único que ha cambiado es la
temperatura de los dineros.
De esta verificación de un mundo vicioso y rapaz
surgen por fuerza, una idea y una postura:
“Bueno pero ¿qué somos políticamente? Somos
anarquistas. El objeto de la vida es disciplinarse
hasta no necesitar gobierno. Un filósofo está por
encima de las leyes. Creemos que el gobierno es
medio para conducir a los hombres al anarquismo, o
sea, al paraíso. Para eso deben ser las escuelas, leyes,
caminos y casas disciplinarias. Por consiguiente,
el primitivo necesita que lo gobiernen mucho.
Suramérica necesita gobiernos muy fuertes. […]
Personalmente vivimos en la anarquía. Hemos
conseguido la buena conciencia; decimos todo lo
que pensamos y hacemos todo lo que sentimos;
para nosotros no existe el gobierno sino como
tema para escribir. Nadie nos importa ni se cruza
en nuestro camino. No tememos, no odiamos y
amamos la VIDA por sobre todas las cosas.
El ideal del hombre es ser como rosa abierta, que
no tiene nada oculto; ser desvergonzados, por
inocencia y no por odio” (p. 175).
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