Sin cadenas que te mancillen Sin cadenas que te mancillen_TEASER | Page 32

32 José Luis Pérez Gómez selva, drenó zonas pantanosas, fomentó la producción agrícola y ganadera. Ahora trataba de ampliar el comercio con el resto de las colonias e introducir en lo posible la nueva tecnología que se iba desarrollando en Europa. Asimismo, debía encargarse de la justicia por ser el máximo representante legal, y todo ello sin descuidar sus dotes diplomáticas cuando debía negociar con los españoles. Los colonos lo consideraban un buen organizador, aunque muy poco convencional. Pero incurrió en el error de no respetar los derechos que los hacendados locales consideraban eternos y estos eran muy críticos con su actuación. Desde el principio tuvo problemas con ellos. Ahora se sentía eufórico. Daba gracias al destino por ocupar el cargo que ostentaba y que facilitaría el bienestar de tantas personas. Se veía como un gobernador romano en tiempos de Augusto. Sin duda el imperio al que servía era tan benéfico como el de la antigüedad. La emoción se adueñó del tono de sus palabras: —El territorio no será una nueva Jamaica. Aquí no mandará una pequeña aristocracia de grandes propietarios que solo pien- san en regresar ricos a Europa para poder comprar honores y títulos. No habrá grandes plantaciones de azúcar, atestadas de esclavos, que utilizan toda la tierra útil y que acostumbran a sus habitantes a los envíos de alimentos de la metrópolis para que puedan comer, siendo un lastre económico para todos. No, veo un futuro de prosperidad en una tierra llena de personas trabajadoras, libres y armoniosas que conseguirán las facilida- des y riquezas que se les han negado en su patria. Ánimo, y a ponerse manos a la obra. A varias millas de las dependencias oficiale s, el ambiente en la reunión de los propietarios era tan alegre como el de los arte- sanos en la casa de gobierno. Con una copa en la mano, Dyer