Sin cadenas que te mancillen Sin cadenas que te mancillen_TEASER | страница 31

Sin cadenas que te mancillen 31 servicios religiosos ejercerá de maestro de los niños. En la mesa podrán ver el plano del nuevo asentamiento y los permisos co- rrespondientes. El secretario pondrá su nombre en las parcelas que elijan. Ustedes decidirán si quieren la suya junto a la orilla del mar o más al interior. Si varios escogen la misma, se proce- derá a su adjudicación mediante un sorteo. No habrá disputas entre ustedes. Despard lanzó un vistazo al secretario y le sonrió. A conti- nuación, remarcó su autoridad. —Deben recordar bien mis palabras. Todas las tierras per- tenecen en su totalidad a su majestad y su Gobierno. Ustedes podrán desbrozar el bosque circundante para cortar los árboles o cultivar alimentos tropicales como plátanos, batatas, maíz o piñas, pero no adquirirán el título de propietario de ninguna finca. La cara de Despard mostraba confianza. Estaba en la cumbre de su carrera profesional. Era el último de los siete hermanos de una familia pudiente irlandesa y su padre compró su nombra- miento de teniente en un regimiento prestigioso. Debido a su carácter práctico y como sobresalía en matemáticas, optó por unirse al cuerpo de artillería, que era el más técnico de la mili- cia. Sus sucesivos ascensos los obtuvo por méritos militares. Se distinguió en la conquista del territorio español de la bahía de Honduras, mostrando un valor personal que excedía el simple cumplimiento del deber. En medio de los combates descubrió sus dotes de liderazgo: hombres de diferentes razas le seguían con fidelidad, y podía sacar lo mejor de ellos igual que un mú- sico arranca las mejores notas de las cuerdas de un instrumento. Al llegar la paz, Despard fue nombrado superintendente de la zona conquistada. Durante los siete años siguientes su acti- vidad no tuvo límites. Parecía un nuevo Hércules enfrentado a múltiples tareas. Se encargó de que se creasen caminos en la