Sin cadenas que te mancillen Sin cadenas que te mancillen_TEASER | Page 33

Sin cadenas que te mancillen 33 continuó atando cabos con su anfitrión. En cuanto la goleta que lo había traído tuviese los vientos a favor, retornaría con ella a Jamaica. En una semana o dos podría regresar con los esclavos. —Pero ¿cómo podré desembarcarlos sin problemas? ¿Qué va usted a hacer con el superintendente? Bartlett lo tranquilizó. —No se preocupe de eso, señor Dyer. Será muy sencillo introducir la mercancía, pues conozco bien a la gente de las aduanas. Cuando vuelva, deslice la nave al atardecer por la bahía. Luego yo me reuniré a bordo con usted. Por entonces el superintendente estará tan preocupando, tratando de solucio- nar las contrariedades ocasionadas por sus excesos económicos, que no tendrá tiempo para molestarnos. Brindemos pues por este día y por el gran futuro que nos espera.