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Bueno, algo parecido”, dijo Lucia “¿Y quieres que Belén vaya a allí, tal y como esta ella?” “Bueno… yo sólo he pensado que Belén debería saberlo y estar aquí” “¡Está bien! cuando se levante se lo diré y ¿cómo esta ella?” “Está mal señora…” “Bueno, Lucía, hija, siento lo ocurrido, se recuperará”.

Todos esperaban ansiosamente en la sala de espera a que llegasen los padres y a la hermana pequeña de Hosseini. Esperaban buenas noticias… El señor Khaled se dirigió a ellos preguntándoles que qué había pasado. Juanjo asustado fue el único valiente en responderle. “Nada, todos tomamos pastillas y a ella le sentó mal, eso es todo” “¿Pero? ¿estáis locos o qué? la habéis liado”, dijo el señor Khaled. Su mujer, nada más que sabía llorar, abrazada a su hija pequeña Petra. El médico observaba la situación, que hasta para él era difícil “¿Cómo está Hosseini?”, preguntó Lucía con lágrimas en los ojos. “Está en coma…”. Lucía explotó a llorar gritando: “¡está en coma! ¿sabéis? ¡Hosseini está en coma!”

Petra vio cómo sus padres salían de la habitación donde acababan de instalar a Hosseini y se quedó sóla con ella. Casi le daba miedo mirarla. Hosseini tenía agujas clavadas en un brazo por las que recibía el suero, un pequeño hierro en el hombro conectado a sondas y aparatos que desconocía, un tubo enorme de color blanco y amarillo. Parecía ser el nuevo cordón umbilical de su vida. Tenía otro tubo que entraba en su boca abierta. Otro sellado con cinta en su nariz y por debajo de la cama colgaba una bolsa de plástico que era donde iba su orina. Petra estaba asustada, todo eso era aterrador para ella. Se detuvo y empezó a llorar, mirando fijamente a suhermana. Podía morir, esa era la verdadera realidad, o estar en coma el resto de su vida, esa también era la realidad.

Un coma era como la muerte, aunque con una posibilidad de despertar en unas horas o en unos días, o quién sabe… Petra le cogió la mano a su hermana que susurrando le dijo: “¿estás aquí? no llores, Petra, no llores, por favor, ayúdame… os necesito fuertes a todos, así que no llores. Puedo verte ¿sabes Petra? No se cómo, porque sé que tengo los ojos cerrados, pero puedo verte

Sé que estás ahí, a mi lado. Y que vas tan guapa como siempre ¿verdad? Hermana… ¿lo ves? y, si embargo, aquí adentro está tan oscuro… es una extraña sensación, hermana, es como si flotase en ninguna parte, mejor dicho, es como si mi cuerpo estuviese fuera de toda sensación, porque no siento nada, ni frio, ni calor, tampoco siento dolor, es un lugar agradable. Bueno, lo sería si no estuviese tan oscuro. Me gustaría ver, abrir los ojos y mirar. Ahora mismo puedo dar un paso y olvidarme de todo para siempre. Pero no puedo moverme ¡Petra, Petra! ¿y los demás? ¿están bien? ¿papá y mamá? ¿y Ángel? ¡Oh, dios mío! daría mi último aliento por tenerlo aquí, a mi lado, y sentir su mano como siento la tuya hermana ¡Tu mano… Ángel! ¡me siento tan sola...!”.

Al salir, Petra se tropezó con Ángel… “¡Petra! soy yo”. Petra fue corriendo y se abrazaron. Mientras Ángel la acariciaba el cabello, le dio un beso en la frente y le dijo que estuviese tranquila, que todo iba a ir bien. Después le dijo que le habían dicho que su hermana estaba en coma, y que no le habían dejado verla todavía. Petra se retiró de la puerta y le dijo que podía pasar a verla “¿Ángel? ¡oh, Dios…! ¿eres tú, Ángel? ¿estoy soñando?”, no, no es un sueño, eres tú, reconozco tu voz, y huelo tu perfume y… sí, también puedo verte al lado de mi hermana Petra, y ahora mamá te da un beso, has llegado, sabía que lo harías, pero como aquí el tiempo no existe, no sabía cuándo sería posible verte. Ahora, sin embargo, me alegra tanto tenerte a mi lado, aunque debes disculpar mi aspecto, debo estar horrible ¿verdad? Y pensar que lo último que te dije fue… Te quiero, no hablaba en serio ¿sabes? ¡qué estúpida fui!

En realidad… no sé, estaba jugando, ya sabes tú. Creo que me asustaba atarme. Se dicen tantas tonterías acerca del primer amor: qué si se empieza pronto, luego se estropea enseguida; que es mejor vivir primero, y después… ¡no quiero perderte Ángel

FLIRTEANDO CON EL DESASTRE