Amina era una chica guapísima, pero siempre ocultaba su cara con un velo. En el instituto llamaba mucho la atención por sus ojos, pero casi no se relacionaba con nadie porque ella no salía de su casa, sólo para ir a clase.
Con la que mejor se llevaba era con Estefanía. Amina siempre sacaba buenas calificaciones, era la mejor de la clase, le encantaba estudiar y quería ser escritora.
Una noche, Estefanía estaba en su habitación, leyendo, y escuchó que alguien silbaba. Se asomó a la ventana, vio a su amiga Amina y le preguntó que qué pasaba, que qué hacía en la calle tan tarde, y Amina respondió que por favor la dejara entrar, que estaba muy mal. Estefanía, por supuesto, no lo dudó.
Entró sin que sus padres se dieran cuenta y empezó a contarle lo ocurrido. Amina le contó que sus padres querían llevarla a su país natal para casarla con un hombre mayor que ella, que por favor la ayudara a esconderse un tiempo porque ella no quería dejar sus estudios por seguir sus costumbres. Estefanía le dijo que sí, que se podía quedar, pero que tenía que buscar otra solución mientras tanto y pensar qué hacer porque no podía estar escondida toda la vida, que lo mejor era enfrentarse a sus padres y hacerles entender que eso no es lo que ella quería realmente.
Amina dijo que estaba de acuerdo, que no se preocupara, que no sería por mucho tiempo. Estefanía la escondió en el desván porque hacía años que nadie subía allí, allí había una cama y estaría cómoda. Le dijo que siempre que sus padres estuvieran distraídos o fuera de casa la iba a subir algo de comer, libros y se quedaría un rato con ella haciéndole compañía y charlando.
Al día siguiente Estefanía fue a clase, vio el sitio de su amiga vacío y se puso nerviosa pensando que tenía a su compañera escondida en su desván. “Si alguien se entera, voy a tener un serio problema”, se decía Estefanía para sí. Sin embargo, nadie preguntó por Amina, nadie notó su ausencia, nadie dijo ni mú, todo seguía igual. Estefanía se sintió aliviada, aunque temía que las cosas pudieran cambiar de un momento a otro. Seguro que los padres de Amina pondrían una denuncia de desaparición, pensaba Estefanía.
Esefanía volvió a casa después de clase y le subió algo de comer a su amiga. Se quedaron hablando un rato y le dijo que todo estaba igual, que nadie había sospechado nada, ni sus padres habían denunciado su desaparición. Amina se sintió contenta y más aliviada; sin embargo, Estefanía quería saber qué es lo que tenía pensado hacer. A ella no la importaba tenerla en su desván, pero si le importaba saber cómo acabaría esto. Ella debía enfrentarse a la situación, pero Amina le pidió tiempo, más tiempo.
Al día siguiente Estefanía volvió a ir a clase como otro día cualquiera y se sentó en su sitio. Al comenzar la clase la profesora preguntó a los alumnos si alguien sabía algo de Amina, pero nadie respondió. La profesora decidió llamarla a su casa para saber si estaba enferma o le había ocurrido algo. Sospechaba que Amina fuese otra víctima más, porque a antiguas alumnas suyas, del mismo país, sus padres las sacaban de la escuela para meterlas en su casa a limpiar todo el día y casarlas. Niñas de 14, 15, 16 años.., y no iba a permitir que su alumna Amina fuera otra más.
Rebeca, que así se llamaba la profesora, le tenía mucho cariño a Amina. era la mejor de sus alumnas y sabía que a Amina la interesaban mucho sus estudios porque siempre estaba muy atenta, ponía mucho interés y aprobaba todo.
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