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CINDERELLA

Llamó a sus padres y contestó un hombre. Rebeca preguntó que si le pasaba algo a Amina. El hombre respondió que no y colgó. A Rebeca no le hizo mucha gracia y pensó en llegar hasta el fondo de la cuestión.

Horas después, los padres de Amina pusieron una denuncia de desaparición. El detective asignado al caso vino al instituto a hacer algunas pesquisas. Rebeca se asombró de que Amina pudiera desaparecer así de repente, sin más. Tenía que haber un motivo.

Rebeca entró en clase. Les pregunto una vez más a sus alumnos que si sabían algo de Amina que por favor lo dijeran porque la cosa era seria. Le dio una hoja a cada uno de sus alumnos, les dijo que pusieran lo que pensaban de Amina y que pensaban que la había podido pasar. Unos respondieron que pensaban que era rara y que seguro estaba embarazada y se fue para que sus padres no la vieran. Otro respondió que no le gustaba el país del que venía y que no le importaba lo que la había podido ocurrir. Pero hubo una respuesta que a Rebeca le llamó mucho la atención: Es una buena chica y seguro que se ha escapado porque sus padres querían casarla con un hombre mayor y llevarla a su país. Rebeca investigó de quien podía ser esa letra, pero no lograba saberlo.

Estefanía se fue rápido a su casa para contarle a Amina lo ocurrido. Al llegar, Amina estaba dormida, la despertó y le contó que sus padres habían ido a la comisaria y que por esa mañana vino un

inspector al instituto. Tienes que solucionar esto, Amina, le dijo, no puedes esconderte toda

la vida, dile a tus padres lo que piensas, yo no

dejaré que te lleven, habla con la policía o lo que sea. Pero Amina se negó. Decía que no porque entonces la separarían de sus padres y eso sí que no era lo que ella quería, sólo quería hacerles entender. Estefanía se encogió de hombros y le dijo a Amina que bueno, que se lo pensara, y después se marchó

Al día siguiente, Rebeca llamó a Estefanía y le pidió que si podían hablar en privado. Estefanía consintió. Rebeca le dijo que había reconocido su letra y que si sabía dónde estaba Amina que era mejor que se lo dijera, pues así podrían ayudarla, pero Estefanía dijo que no sabía nada.

Con la excusa de encontrarse mal, Estefanía pidió permiso a la Directora del Instituto para marcharse a casa. Su madre vino a buscarla. Al llegar a casa, subió corriendo al desván para contarle a Amina que había metido la pata al escribir eso, pero Amina ya no estaba allí. Estefanía decidió entonces llamar a Rebeca contarle que había escondido a Amina en el desván de su casa, pero que se había ido, que había sido por su culpa. Rebeca la tranquilizó, le dijo que no se preocupara, que iba hacer todo lo posible para encontrarla, que gracias por habérselo contado, pues así ya sabía que Amina estaba bien.

Pasaban los días y no sabían nada de ella. Rebeca pensó que tal vez lo mejor era hablar con el detective del caso, a ver si sabían algo. Así fue. Amina había decidido volver a su casa y afrontar la situación. Al fin y al cabo, qué otra cosa podía hacer. No podía huir. Era aún demasiado joven como para echarse a perder y, además, no conocía a nadie más aquí. Su corazón le decía que, después de todo, su familia era lo más importante y quizás, cuando llegase a la edad adulta, entonces podría tomar sus propias decisiones y elegir qué vida llevar.

De momento, decidió obedecer a sus padres y seguir sus costumbres, aunque la idea de que la desposaran con un hombre mayor que ella, y al que ni si quiera conocía, no tenía nada que ver con lo que ella había aprendido en la escuela sobre los derechos de las personas.