Un día antes habían discutido. Ella le decía que su primo era malo para él, que iban a acabar muy mal los dos, pero él no le hacía caso. Darlene no sabía qué hacer. Llamó a la madre de Miguel y le contó lo ocurrido.
A los dos días Darlene fue a los juzgados donde tenían detenido a Miguel. Habló con su abogada y le dijo que lo más seguro era que se lo llevaran a prisión. Pero Darlene tenía fé y pensó positivo en todo momento. Pasó todo el día allí. Darlene le gritaba llamándole y Miguel respondía desde los calabozos “no llores que todo va a salir bien”, pero no fue así. Al rato, la abogada le dijo que se los llevaban a prisión.
En ese momento, Darlene se quería morir, no paraba de llorar. Llegó un amigo de Miguel y la acompaño a su casa. No sabía qué hacer ni con quién podía contar porque hacía tiempo que no sabía nada de sus conocidos. No podía creer lo que le estaba pasando. Se sentía tan mal… No podía dormir.
Fue en esos días que Darlene se dio cuenta de cuánto le quería. Le hacía tanta falta. Continuamente se enviaban cartas con fotos en las que estaban juntos, eso les hacía sentirse mucho mejor. Y siempre que se llamaban, lloraban mucho porque se echaban de menos y no podían creer que eso les pudiera estar ocurriendo.