DIVAGANDO
Era una tarde triste de otoño. Darlene se sentía vacía, mustia. Su novio le acababa de dejar sin más explicaciones y ya no quería volver a saber más de hombres. Lo estaba pasando muy mal.
Por la noche salió de fiesta con sus amigas, Priscila le presentó a un chico amigo suyo, Miguel. De primeras le pareció un chico simpático y se empezaron a conocer. El chico le caía bien, pero le parecía feo, y siempre que quedaban le dejaba plantado, pero él no se daba por vencido.
Pasado un mes, Miguel la seguía llamando y Darlene aceptó quedar con él. Se tiraron horas hablando, riendo, conociéndose, pero Darlene no le veía con ella, ni le gustaba, porque aún quería a su ex. Miguel la acompañó hasta el portal de su casa después de haber pasado toda la tarde juntos y la besó al despedirse. Darlene ni se inmutó, subió a su casa y ya no le volvió a hablar porque no le gustaba nada de nada.
Pasaron unos meses y llegó San Valentín. Miguel se puso en contacto con Darlene para felicitarla. Le preguntó qué iba a hacer esa noche y si podían quedar para verse. Darlene quiso hacerse la interesante y le dijo que no sabía, que había quedado ya con una amiga. Al final, quedaron en verse por la noche. Miguel acudió a la cita con un amigo. A Miguel se le ocurrió que sería buena idea pasar un rato en su casa todos juntos. Compraron algo de beber. Debía ser algo barato, pues a Darlene la supo a rayos. Aun así, algo debía tener la bebida, pues Darlene empezó a fijarse en Miguel de otra manera.
Al día siguiente, Darlene se despertó con Miguel dentro de su cabeza. No podía parar de pensar en él. De repente sonó su móvil. Era Miguel dándole los buenos días. Darlene se alegró mucho, pero no quería hacerse ilusiones porque había tenido una mala experiencia con su ex.
A las dos semanas volvió a quedar con Miguel y le dijo que ya la consideraba su novia. Darlene, sin embargo, pasaba de él porque pensó que sería igual que todos, aunque él siempre le hablaba dándole los buenos días, diciéndole que cómo estaba, que cuándo se veían y esas cosas. Y eso a Darlene le gustaba, era muy romántico y sincero desde el principio.
Pasaron los meses. Darlene cada vez se sentía mejor con Miguel. Se veían casi todos los días y, como vivían cerca uno del otro, Miguel siempre venía a su portal por la noche para despedirse antes de ir a dormir. La madre de Darlene siempre andaba a hurtadillas para escuchar lo que hablaba con Miguel. Una noche hizo como que bajaba a tirar la basura y no me le quedó más remedio que presentárselo. A su madre, al principio, no le gustaba Miguel para para su hija, pero luego fue gustándole porque veía que la acompañaba a casa y era bueno con ella, y eso era lo más importante.
A los siete meses de haberse conocido se fueron a vivir juntos. Estaban muy bien, la verdad, cada día mejor. No lo tenían todo, pero si el uno al otro, que era lo importante para Darlene
De repente, un día, apareció Sebas, un primo de Miguel. Se quedó a vivir con ellos. A Darlene no le caía muy bien porque estaba metido en cosas raras y siempre que salía con Miguel hacían cosas raras de las que nunca se enteraba. Empezaron a robar, cosa que Miguel nunca había hecho estando con Darlene. Cada vez que salían se asustaba mucho porque él no era así. Era un buen chico y no quería que le cogiera la policía, pero llegó un momento en el que no tenían ni para comer y el seguía robando para que no le faltara de nada.
Una mañana, Miguel y su primo salieron de la casa sin decir nada. Darlene se despertó y vio que no estaban. Pasaban las horas y no volvían. Darlene se puso nerviosa pensando lo peor. Salió a buscarles por las calles y nada, no aparecían, ni llamaban diciendo que estaban bien. Darlene se imaginaba lo peor. Cuando de repente, después de varias horas, llamaron de comisaría comunicando su dentención. Darlene se quería morir. Miguel no era mal chico, sólo que se dejaba llevar mucho de los demás. Se sentía muy mal.
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Una mañana, Miguel y su primo salieron de la casa sin decir nada. Darlene se despertó y vio que no estaban. Pasaban las horas y no volvían. Darlene se puso nerviosa pensando lo peor. Salió a buscarles por las calles y nada, no aparecían, ni llamaban diciendo que estaban bien. Darlene se imaginaba lo peor. Cuando de repente, después de varias horas, llamaron de comisaría comunicando su dentención. Darlene se quería morir. Miguel no era mal chico, sólo que se dejaba llevar mucho de los demás. Se sentía muy mal. Un día antes habían discutido. Ella le decía que su primo era malo para él, que iban a acabar muy mal los dos, pero él no le hacía caso. Darlene no sabía qué hacer. Llamó a la madre de Miguel y le contó lo ocurrido.
A los dos días Darlene fue a los juzgados donde tenían detenido a Miguel. Habló con su abogada y le dijo que lo más seguro era que se lo llevaran a prisión. Pero Darlene tenía fé y pensó positivo en todo momento. Pasó todo el día allí. Darlene le gritaba llamándole y Miguel respondía desde los calabozos “no llores que todo va a salir bien”, pero no fue así. Al rato, la abogada le dijo que se los llevaban a prisión. En ese momento, Darlene se quería morir, no paraba de llorar. Llegó un amigo de Miguel y la acompaño a su casa. No sabía qué hacer ni con quién podía contar porque hacía tiempo que no sabía nada de sus conocidos. No podía creer lo que le estaba pasando. Se sentía tan mal… No podía dormir.
Fue en esos días que Darlene se dio cuenta de cuánto le quería. Le hacía tanta falta. Continuamente se enviaban cartas con fotos en las que estaban juntos, eso les hacía sentirse mucho mejor. Y siempre que se llamaban, lloraban mucho porque se echaban de menos y no podían creer que eso les pudiera estar ocurriendo.