Cuando llamaron a la madre para que le fuese a buscar a la comisaria, casi le da un ataque de ansiedad de la preocupación. Se vistió deprisa y fue a recoger a su hijo. De camino a su casa, la madre, enfurecida, empezó a regañarle: “Que si no pensaba en lo que hacía”,“Que tenía un hermano pequeño”, “Que si quería acabar como su padre”. En ese momento a Esteban se le enervó la sangre y le dijo que prefería acabar como su padre que estar llorando en casa. Después de eso hubo un silencio muy incómodo que no rompió nadie.
Esteban, que en su momento pensó seguir los pasos de su padre, ya tenía las cosas suficientemente claras y lo hizo. Todo fue en cadena después del primer paso, que si guerrero voluntario, la primera pulsera, la segunda, un escalón más, y siempre todo según tenía que ir. Cuando se quiso dar cuenta ya tenía 16 años y estaba metido en un mundo de problemas. Pero no sólo había eso, también había diversiones, que era lo que más le gustaba.
Un día que estaba en una fiesta, fumando en la calle, pasó un coche a su lado y le dispararon a quemarropa, dejándole mal herido. Todo ocurrió en un abrir y cerrar de ojos, cosa que nadie pensaba que iba a pasar.
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Cuando la madre recibió la llamada no se lo podía creer, y Ernesto, el hermano menor, que escuchó la conversación, no podía parar de llorar por lo sucedido, y en verdad se volvió a repetir la misma historia. Una historia que nunca va a acabar.
He visto tantas cosas en esta vida que a veces creo que todo es un sueño u otra historia más, como la que les acabo de contar. Desperdiciando tanto mi vida llegué a creer que todo lo que hacía estaba bien, sin darme cuenta de que estaba cavando mi propia fosa y acostándome poco a poco en ella
Amigos, socios, hermanos, como los quieras llamar, no son lo que aparenta en esta vida. He tenido tantos de ellos y casi todos ellos eran como una moneda: por un lado de una forma y por el otro lado de otra. Cuando daba un paso hacia adelante en mi vida, parecía que daba tres hacia atrás, arrastrado por todo lo que tenía conmigo y todo el daño que había cometido. Pero en verdad yo sé que la vida me deparará cosas buenas, aunque también tengo que afrontar todo el daño que he hecho, porque en esta vida todo da vueltas. Es como un bumerán que lo tiras y, cuando menos te lo esperas, vuelve. Por eso hay que estar atento, para cuando vuelva y saber cogerlo sin sufrir daño.
Llevo años metido en un mundo de pandillas y, ahora que soy adulto, me he dado cuenta de todo lo que les he dicho. Pero yo sé que cuesta abrir los ojos y darse cuenta de todo lo que en verdad pasa a tu alrededor, porque a mí mismo
me costó abrirlos y enterarme. Cuando más me intentaban ayudar, más testarudo me ponía y menos caso les hacía. Primero tenía que darme cuenta por mí mismo, para que luego me pudiesen ayudar de todo lo que quería cambiar e intentar buscar un nuevo camino. Ahora sé que la vida tiene muchas salidas y que hay que luchar por lo que quieres.