Era un día caluroso cuando, en algún lugar, nació una niña. Ese mismo día, en otro lugar, nació un niño. Los respectivos padres eran paisanos, aunque de diferentes familias. Pronto acordaron el matrimonio de sus respectivos hijos para cuando éstos cumplieran la edad.
Roxana había cumplido 1 año de vida cuando sus padres la llevaron a que le hicieran unos pendientes. Con 2 años de vida la llevaron a que le pintaran el cuerpo con gena permanente y le pintaron también un punto negro en la frente, lo que significaba que ya estaba prometida. A los 6 años la llevaron a que le hicieran el pendiente desde la nariz a la oreja. La pobre Roxana no entendía nada de todo aquello. Se preguntaba por qué le tenían que hacer todas esas cosas. Sentía que su vida era muy rara y ella tan sólo quería ser una chica normal.
Cuando cumplió 14 años, sus padres se pusieron en contacto con los padres del chico para llevar a cabo su acuerdo. Fue entonces cuando sus padres le contaron que la iban a desposar con un chico un año mayor que ella. Roxana, sorprendida por la noticia, les dijo que cómo se iba a casar con un chico que ni si quiera conocía y sin haberle visto nunca. “Ya le conocerás en los esponsos”, fue la respuesta de los padres.
Cuando llegó el día de los esponsales, Roxana se mostró muy nerviosa. Sus padres la llevaron a la mezquita, la vistieron con un vestido rojo magenta brillante, sobre la cabeza un velo rojo sangre, pulseras de oro en las manos, y en los pies unas tobilleras que repiqueteaban al andar. Le cambiaron el punto negro por un punto rojo, señal de su enlace. Después le repasaron y le volvieron a pintar las manos y los pies con gena permanente y le maquillaron los ojos.
Una vez que Roxana estuvo preparada, se sentó en una alfombra. Poco después Hansef entraba por la puerta. Los dos se miraron y él se quedó profundamente prendado de ella. Hansef se sentó en la alfombra, enfrente de Roxana, la miró
directamente a los ojos y comenzó a pronunciar las palabras rituales para pedirle la mano
Seguidamente le preguntó qué si le aceptaba como esposo, pero, cuando llegó su turno de hablar, Roxana se quedó muda. Sus padres, algo enojados, apresuraron a Roxana para que respondiese, pero ella seguía sin contestar. Unos minutos después de estar callada se desmayó y
Hansef se apresuró a recogerla en sus brazos para que no se hiciese daño.
A la vista de lo acontecido, los padres de ambos, confundidos, hablaron en privado y decidieron
EN ALGÚN LUGAR