contra sus tiranos. Pero luego, cuando el relevo dirigente tome el poder, oprimirá a su vez al pueblo que alguna vez lo apoyó. "Los gobiernos pasan, las sociedades mueren, la policía es eterna", decía Balzac.
EL PARO NO PARA Por Darío Rodríguez. En Cartel Urbano. “Escribe el verso de este tiempo, amigo mío, para que seas un poco el humo que anuncia en lo distante”. Luis Rogelio Nogueras Despejaron carreteras y autopistas en los territorios más afectados por el Paro Nacional Agrario. Localidades como Tunja, Duitama y Sogamoso ya no se encuentran desabastecidas ni sitiadas, a merced de los vándalos que rompen vidrios y saquean locales comerciales o de los otros vándalos, patrocinados y pagados por el estado, algunos miembros infames de la policía o del insolente escuadrón antidisturbios (ESMAD) quienes parecen ver en cualquier ciudadano que va por la calle durante manifestaciones o movilizaciones a un enemigo de la civilidad, terrorista, guerrillero, delincuente común, y le parten la cara, lo descoyuntan o amenazan con tal de hacerse sentir, demostrando de paso cómo mandan (a las patadas) y quién los manda (un inepto Presidente de la República, unos obedientes, tranquilos comandantes representados en el humorístico, desinformador Rodolfo Palomino). Las marchas acompañadas por músicas de ollas, cucharas y cacerolas que distinguieron a la protesta en el centro del país, llegando a convocar cientos de miles de personas, con alguna dificultad van a repetirse, cuando menos en estos días que han sucedido al desbloqueo de las vías. Ciertas gentes que marcharon regresan a sus oficios cotidianos, a sus preocupaciones domésticas, pensando inclusive que el paro ya terminó. Sin embargo, el paro nacional de los agricultores no ha terminado. Continúa, de hecho, entrando en sus fases más decisivas, las de negociación con un gobierno intransigente que ha estado entregando este país a un puñado de empresas transnacionales, que judicializa a aquellos campesinos con semillas sin aprobación de los Estados Unidos, que no renegociará los tratados de libre comercio porque no le interesa ni desea desairar a sus amos norteamericanos y europeos, quienes parecen estarse adueñando hasta de nuestro aire. Independientemente de los acuerdos finales en esta negociación, resulta clarísimo que el apoyo popular a los campesinos colombianos, sobre todo por parte de los habitantes de ciudades, debe superar el ponerse exóticas ruanas e insultar entre la multitud a Juan Manuel Santos, personaje al cual, dicho sea de paso, lo único que