desgravadas inmediatamente y el 41,1%, después de un año, lo cual corresponde a un total del 94,8% de las exportaciones. Esto significa que las exportaciones colombianas solo serán de 63.000 toneladas, mientras que las importaciones, de 4.629.000 toneladas. Esto representa un aumento de 191 millones de dólares contra 571, respectivamente (Banco de la República, 2006). En cuanto al acceso a los alimentos, el pequeño y mediano agricultor o campesino será el más afectado. Al comparar los datos de la Ensin en 2005 y 2010, se evidencia un mayor riesgo para la población rural, con un porcentaje del 57,5%. Es decir, 14,8 puntos porcentuales por encima de la cifra nacional y 19,1 puntos de la de los hogares urbanos. Además, se ve claramente que las cifras más altas coinciden con zonas en las cuales hay presencia de monocultivos, ganadería extensiva, explotación de recursos o siembra de agrocombustibles, entre otros factores. Este es el caso de departamentos como Nariño, Chocó y Sucre. Allí, se esperaría que este tipo de actividades repercutieran positivamente en la calidad de vida de sus habitantes, pero lo que se constata es una situación adversa y desfavorable. Condiciones sociales Si se desagregan las cifras por niveles del Sisbén, cuanto menor es el nivel, mayores son las cifras de inseguridad alimentaria (se pasa del 60,1%, en el nivel 1, al 27,8%, en el nivel 4). También influyen otras características, como el régimen de afiliación a salud, etnia, nivel educativo y sexo de la cabeza del hogar. Por otra parte, se encontró que, en los hogares cuyo jefe no tuvo estudios, hay mayor inseguridad alimentaria en comparación con los que completaron la secundaria (66,6% contra 37,5%). La población afiliada al régimen subsidiado de salud tiene mayor prevalencia que la perteneciente al contributivo (59,7% contra 27,6%). Y el 56,4% de los hogares afrodescendientes se encuentran en la misma situación (13,7 puntos porcentuales por encima de la cifra nacional). Asimismo, el TLC representa una amenaza porque contribuirá a modificar los hábitos alimentarios de la población. Esta se verá sujeta a lo que haya disponible en el mercado, es decir, a lo que llegue importado. Algunos cultivos, la avicultura y la ganadería tenderán a desaparecer por su baja rentabilidad y nivel de competitividad (Garay), lo que modificará el patrón de consumo de las familias, que ya no comprarán necesariamente lo que hace parte de su cultura. Por ejemplo, a largo plazo, los cultivos de maíz amarillo, trigo y cebaba disminuirán drásticamente su producción y serán sustituidos por otros. Además, los cuartos