podemos crear ghettos entre la sociedad. En esto no vamos a ceder?. Quienes trabajan nuestro campo no son especiales. En esta religión no hay cultura que los identifique y por tanto no clasifican para negociar por medio de esos derechos culturales. Es por esto que a quienes planean hacer obras de infraestructura, represas, carretera, minería o extraer petróleo les basta con constatar que donde planean anclar la bota solo hay campesinos. Si h ay indígenas o afros, la tarea es más complicada. La resolución del Ministerio del Medio Ambiente sobre la solicitud de Vetra Group es una clara parábola de lo anterior: ?No se cruza o traslapa con territorio legalmente titulado a Resguardos Indígenas o títulos colectivos pertenecientes a Comunidades Afrodescendientes?. El camino quedó libre. ?Eso no debería ser así – señala Langebaek- yo creo que los derechos de la gente son absolutamente fundamentales y no se deben limitar como se han limitado al tema cultural?. Pero las escrituras son producto de su tiempo. La antropología de la década del sesenta y del setenta se centraba en la figura del indígena y todo lo que esta simbolizaba. Langebaek, señala que en un seguimiento que le hizo a ?Voz? y a ?Tribuna Roja? –periódicos de izquierda–; identificó que en la literatura de los cincuenta y sesenta, no veían al campesino con malos ojos. De pronto, una década más tarde se transforma en un asunto dicotómico. El valor positivo que recibían las culturas indígenas, contrastaban con el negativo del mestizo. ?Hay constituyentes de izquierda que piden perdón por ser mestizos. Un grado de delirio mental increíble?, declara el académico. Sin quererlo, los textos sagrados se desarrollaron bajo la idea del mestizo malo. ?Si usted ve la bibliografía de los setenta y los ochenta los campesinos mestizos son presentados como gente que destruye el medio ambiente, como gente que mata a indígenas, como gente que atropella?, sentencia Langebaek. No se trata que las ausencias en las escritura nos lleven a esta lectura en binario. Es evidente que permitieron un avance en reconocer que hay grupos culturales que tienen una serie de derechos. Se trata es de reconocer que pueden estar incompletas. Las comunidades campesinas son invisibles en todos estos procesos y ?es muy complicado porque resulta que la población mestiza rural de este país es muy pobre y tiene muchas necesidades de reivindicaciones?, argumenta Langebaek. El conflicto de las petroleras tiene que ser visto en escala de grises. Si bien para Darío Fajardo, profesor antropólogo de la Universidad Nacional, ?se está discutiendo el modelo de desarrollo?, Langebaek no ve esa lucha tan clara. Resalta que no se puede caer en ingenuidades como que en el país no debe haber minas de carbón o que no se deba explotar el oro. ?Eso es absurdo. Ningún país del mundo lo hace?, afirma y pone ejemplos: Venezuela, gobierno de izquierda, en ningún momento ha prohibido explotación petrolera. En Bolivia fue Evo Morales el que autorizó hacer la carretera del Amazonas. ?Son cosas que los países necesitan -señala-, el problema es a costa de qué y en perjuicio de quién?. Lo que sí ve con claridad es que no se le puede dar ventaja al sistema de producción industrial, de tal manera que atropelle los proyectos campesinos. Las comunidades tienen que tener voz y derecho. Colombia necesita producir grandes extensiones