Rumor de límites. Memoria del desasosiego (hacia las Pinturas Negras) FINAL DE LAS PINTURAS NEGRAS-QUINTA DEL SORDO | Seite 88
88
el gesto heroico por excelencia. Frente a la muerte el desafío, el asumirla sin
temor una vez introducida en la sangre la fuerza de la convicción.
Hay en el cuadro toda la semántica de lo trágico. Aquí no hay con-
tención como en la pintura romántica de Gisbert del Fusilamiento de To-
rrijos y sus compañeros en la playa de Cádiz. Aquí el romanticismo es
de corte expresionista, dinámico, visceral. Goya aquí, es un pintor antinatu-
ralista, pero realista, coloca figuras que amplían los matices para hacerla
más creíbles, por ello también las hay desesperadas, figuras que no quieren
mirar, que se tapan la cara con gesto de desgarro, un desgarro de dignidad
humanísima y antiheroica. Su honestidad, su sensiblidad le obligan a ello.
No hay concesiones románticas se impone la brutalidad más descar-
nada, no hay serenidad como en el cuadro de Gisbert, hay derrota, muerte,
brutalidad, horror. Es un cuadro terrible, sin adulaciones. De nuevo el Ges-
to, la posición ante la muerte inmediata. Desesperación, desgarro, incre-
dulidad, rabia, desafío, temor… todo un friso de lo que los seres humanos
podríamos expresar en esos momentos. Por el suelo cadáveres convertidos en
muñecos, en muecas trágicas, en peleles de la muerte. Desdibujados, en es-
corzos forzados, acortados los brazos para agrandar la tragedia, de sangre
que viene ya resbalando hacia ese farol que ilumina la tragedia y su farsa
terrible. Madrid detrás, la montaña de Príncipe Pío detrás, silenciosa, pero
no oculta, como un testigo mudo, pero. Sorda en la noche, muda en su miedo.
Y culpables de todo ello esa masa informe adensándose en los ejecutadores
de la soldadesca que debe cumplir las órdenes para las que previamente ha