Rumor de límites. Memoria del desasosiego (hacia las Pinturas Negras) FINAL DE LAS PINTURAS NEGRAS-QUINTA DEL SORDO | Página 86

86 crear un escenario, sacar partido a su conocimiento de las masas y su poder de sinergia colectiva, de ciclón imparable cuando una fe, sea la que sea, es capaz de arrojarla a la calle. Una “heroicidad” que él mismo había visto con ojos críticos en Los Desastres de la Guerra. En esos instantes -en los días que escribo este trabajo- en Túnez, Egipto, Siria, Libia, Yemen…, las masas salen en razón de algo abstracto superior e irrazonable a ellas mismas, para enfrentarse a un peligro que por no ser razonado arroja el miedo y lo transforma en lo que en lenguaje militar se llama heroísmo patriótico si eres quien escribe la historia desde ese bando y brutalidad ciega si eres del otro. Un friso de lo que la irraciona- lidad humana ha ido tejiendo: Barbarie, odio, guerra,... heroicidad. En cualquier caso, Goya crea una composición dinámica llena de fuerza y verismo. Nadie antes había pintado las masas en lucha con tanto realismo antinaturalista, pero con tanta verdad interna, con tanta convic- ción plástica. Deforma gestos, resitúa anatomías, trae a un primer plano a los actores del drama épico e incluso los hace que sobrepasen los lími- tes espaciales del cuadro, desborda la acción más allá de la propia tela. Ese recurso que visualmente tiene enorme fuerza parece ser anticipo de un primer plano cinematográfico que en el movimiento de cámara deja fuera de escena algunas figuras. Todo bulle, todo tiene continuidad en el cuadro y en sus alrededores, en su prolongación. Las figuras cortadas por ambos lados tienen un efecto multiplicador visualmente hablando, pues sin darnos cuenta nuestra retina se impregna de lucha, de enfrentamiento y horror más