Rumor de límites. Memoria del desasosiego (hacia las Pinturas Negras) FINAL DE LAS PINTURAS NEGRAS-QUINTA DEL SORDO | Page 84
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cuadro proyecta una iluminación caricaturizada en las figuras situadas
tras Carlos IV, mientras que las demás estarían estudiadas con arreglo a
concepciones naturalistas. En cualquier caso el cuadro es un muestrario e
plurales enseñanzas, una amalgama que rezuma sabiduría pictórica, una
muestra de sutilezas en las sedas irisadas, en las veladuras acariciantes, en
las carnaciones de algunos rostros y brazos y sobre todo en la manera de
nerviosear las pinceladas en los trajes de las figuras principales. Es ahí
donde Goya dota al cuadro de agilidad luminosa, esclarecedora de su ma-
nera de ejecutar, con empastes rápidos, sutiles, lucientes, vibrantes, goyescos.
Parte de su mejor hacer se encuentra en algunas de esas figuras, sobre todo
de su mejor hacer futuro. Los personajes de los extremos están tratados con
menos intensidad, además, al envolverlas en sombras, parece darnos a en-
tender que le interesan menos. No sabemos si ya estaba previendo, con sus
amigos liberales la figura siniestra de Fernando VII. Con todo, un magní-
fico cuadro donde los azules, amarillos, blancos, rosas, negros y rojos crean
armonías cromáticas de la mejor calidad. Una paleta de una retina nada
sorda. Llena de luz y sonidos musicales.
Para no extendernos sobre lo que no era objeto de este trabajo, he-
mos de citar brevemente su aportación plástica en sus autorretratos, en las
deliciosas carnaciones de la piel de La maja desnuda, donde respira la
sangre en sus muslos, donde la sutileza de las venas fluyen por una piel
tersa, una delicia para los ojos y un aprendizaje para quienes nos da por
perder el tiempo dando brochazos. También mencionar su nueva manera de
encarar los acontecimientos políticos desde El dos de Mayo o Los fusila-