Rumor de límites. Memoria del desasosiego (hacia las Pinturas Negras) FINAL DE LAS PINTURAS NEGRAS-QUINTA DEL SORDO | Seite 278

278 en beneficio de un tirano en un alarde de temeridad producto de la ira en- valentonada creciendo en una masificación mental de histeria colectiva mo- mentánea o en una guerra donde ambos contendientes cometen salvajadas sin cuento. Un pueblo que, para divertirse, necesita de la sangre, que tiene que ensangrentar sus fiestas a través de ensangrentar a un toro en la llama- da fiesta nacional y donde todos pueden alcanzar la muerte (espectadores, toreros, caballos y toros), en un ritual neolítico que desgraciadamente aún pervive. Un pueblo al que manejan mientras lo mantienen en la ignorancia y en la subordinación y donde los derechos ancestrales sobre bienes y perso- nas siguen inamovibles. Un pueblo capaz de concentrase ante cualquier tipo de “cabrón” para dejarse intimidar, seducir, alienar; capaz de seguir rome- rías y procesiones de manera gregaria y donde las pasiones humanas más cainitas afloran sin que nada lo atempere. Una sociedad donde la mujer es utilizada de manera vergonzante, donde la educación está en manos de burros, donde el matrimonio es de conveniencia, donde el Rey es un traidor a su pueblo e incluso a su propio padre. Una vejez donde el deterioro físico acompasa y acompaña al deterioro mental. En definitiva, un mosaico poco propicio al optimismo. Es ahí, mostrándonos ese mundo, donde Goya clarifica su alma y nos la entrega en forma de pintura esclarecedora, luminosa, sin ninguna som- bra. En libérrima luminosidad. Interpreta libremente con profunda exacti- tud lo que acontece desde su atalaya (y nos acontece). El decir luminoso ya no significa la superficial semántica si no que está iluminando lo profundo a través de lo metafórico. Esa realidad que nos acontece en cuanto pueblo,