Rumor de límites. Memoria del desasosiego (hacia las Pinturas Negras) FINAL DE LAS PINTURAS NEGRAS-QUINTA DEL SORDO | Seite 276

276 bemos que la coca estaba arraigando en ciertos sectores de la aristocracia como una moda que tenía la particularidad de su carácter modificador de percepciones y generador de mundos distorsionados y que el láudano y el opio comenzaban a importarse para ser usados como medicina. Además co- nocemos su preocupación por curarse las dolencias con lo que no es arries- gado pensar que pudo tomar cierto tipo de drogas para aliviar dolores. Ignoramos si en caso de tomarlas pudieron afectar su particular visión del mundo y si pudo influir en esa fantasmagórica creación que son los graba- dos de Los Proverbios. Lo que si podemos constatar es su explosión libera- dora para el acontecer de la plástica universal en estos años. Goya se refugia en su finca y comienza a pintar las llamadas Pin- turas Negras. Nombre que si bien define los tonos de sus cuadros-murales, ocultan una de sus facetas más interesantes -que parecen estar en contra- dicción con el nombre genérico con el que se las conoce- y que yo defino como su luminosidad. Es en esa luminosidad donde querría entrar. La luminosidad de Las Pinturas Negras no se asienta en sus tonos sombríos donde los grises, los ocres, los verdes agrisados, los azules grisá- ceos y los negros son dominantes, eso al fin y al cabo es color dentro de una técnica personalísima de componer y depositar la pintura en la pared, que cuando respira blancos amarillentos son del fondo previo paisajista. No, la luminosidad de Goya viene de la mano no tanto del cómo sino del qué pinta. No un cómo estético, sino un qué ético social-histórico, humano. Es en ese qué interrogante donde Goya se nos muestra el más luminoso y más libre y