Rumor de límites. Memoria del desasosiego (hacia las Pinturas Negras) FINAL DE LAS PINTURAS NEGRAS-QUINTA DEL SORDO | Page 275

275 absolutista, que vive atendido por una mujer, cuarenta años más joven, y sus dos hijos -un niño y una niña -Rosarito- de pocos años, que alivian sus dolencias -en esos instantes padece al menos dos ataques de enfermedad y sordera total- y le dan cierta compañía atendiéndole en la intendencia dia- ria. También conocemos que en este aislamiento recrudecido por la enfer- medad y la decisión de retirarse a la Quinta, Goya podrá enfrentarse mejor con sus “fantasmas” y se entregará a la tarea de pintar en libertad mientras se siente más tranquilo y seguro. Hay en ello elementos románticos y po- líticos amasados con el escepticismo, el miedo, la soledad y la frustración; también la sensación de vitalismo que le producen la mujer joven con quien convive, la presencia de la niña a quien enseña a dibujar, la conciencia de su decrepitud senil, y por supuesto es el momento donde su capacidad crítica va pareja a la de los más excelsos afrancesados y liberales; el momento en el que sabe que su país no le gusta, que no le agrada el engendro de un rey funesto y dictador que les gobierna; el de una Iglesia contaminada de pre- potencia y dominio; de una aristocracia rentista obsoleta que vive alejada de los sufrimientos del pueblo y que igual que los eclesiásticos sólo están preocupados de mantener sus privilegios; de un pueblo sumido en la igno- rancia que está retrasando su tomar el pulso de la historia de los pueblos avanzados. En fin, un país que no termina por incorporar los cambios que se van a producir en parte debido a los coletazos de la Revolución Francesa y a las necesidades de una burguesía capitalista que emerge con fuerza en Inglaterra y Estados Unidos.. No sabemos si Goya tomaba drogas para curar sus dolencias, sí sa-